No me gusta mezclar mi trabajo de motivación con la política, pero surgió un incidente en que ambos se fusionaron. Mientras esperaba en fila para votar, conocí a una simpática viejita que me dijo con una seguridad apabullante: "Sé que McCain va a ganar". Le pregunté cómo podía estar tan segura y respondió: "Se lo pedí a Dios con mucha fe".
Así como esta señora hubo muchísimos que suplicaron que su candidato predilecto fuera elegido. Aquellos que rogaron porque Obama ganara, están celebrando y dando gracias. Por otro lado, los que pidieron fervientemente por McCain, seguramente están decepcionados y hasta enojados, porque sus peticiones no fueron escuchadas.
En mis libros, conferencias y programas siempre recalco que cuando pides algo, y estás convencido que lo obtendrás, no hay duda que tu deseo se materializará. Aquí es donde muchos me preguntan: ¿qué sucede cuando dos personas piden lo mismo con fe ciega, pero sólo hay una oportunidad para una de ellas obtenerlo? Como en el caso de la viejita y muchos otros que pidieron fervientemente que ganaran los republicanos y a la misma vez habían otros orando porque fueran los demócratas los que tomaran la presidencia. También es el caso de los fanáticos del béisbol, unos pedían con pasión que Tampa Bay venciera y otros rezaron por los Phillies, o las últimas dos finalistas compitiendo por el título de Miss Universo en la que ambas quieren ser la reina pero sólo una puede llevarse la corona. ¿A quién se le concederá su pedido?
Todas las religiones y tradiciones espirituales están de acuerdo en que hay un ser superior a nosotros que nos rige. Cuando diriges tus peticiones a este ser supremo, sin duda te responderá.
Ahora, hay un pequeño truco, no siempre vas a recibir exactamente lo que esperas. Cuando pides con fe, una de estas tres situaciones surgirá; te llegará exactamente lo que ordenaste, sino, obtendrás algo muy similar, o adquirirás algo mucho mejor. ¿Acaso no has oído tantas veces el caso de una persona decepcionada porque la oportunidad de empleo que tanto deseaba no se le dio, pero luego le aparece un trabajo con mejor paga y mayores beneficios?
Quiero repetir, insistir y machacar que es imposible pedir con fervor y no obtener nada a cambio. Hasta en la Biblia hay un pasaje que dice: "Pide, y se te dará". Una vez expones tu pedido, ya sea un mejor trabajo, una casa nueva, curarte de una enfermedad o encontrar el amor, se te concederá tu deseo. Pide apasionadamente y despreocúpate del resultado. El Universo se encargará de hacerte entrega de lo que más te conviene, no necesariamente lo que más tú quieres.
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No me gusta mezclar mi trabajo de motivación con la política, pero surgió un incidente en que ambos se fusionaron. Mientras esperaba en fila para votar, conocí a una simpática viejita que me dijo con una seguridad apabullante: "Sé que McCain va a ganar". Le pregunté cómo podía estar tan segura y respondió: "Se lo pedí a Dios con mucha fe".
Así como esta señora hubo muchísimos que suplicaron que su candidato predilecto fuera elegido. Aquellos que rogaron porque Obama ganara, están celebrando y dando gracias. Por otro lado, los que pidieron fervientemente por McCain, seguramente están decepcionados y hasta enojados, porque sus peticiones no fueron escuchadas.
En mis libros, conferencias y programas siempre recalco que cuando pides algo, y estás convencido que lo obtendrás, no hay duda que tu deseo se materializará. Aquí es donde muchos me preguntan: ¿qué sucede cuando dos personas piden lo mismo con fe ciega, pero sólo hay una oportunidad para una de ellas obtenerlo? Como en el caso de la viejita y muchos otros que pidieron fervientemente que ganaran los republicanos y a la misma vez habían otros orando porque fueran los demócratas los que tomaran la presidencia. También es el caso de los fanáticos del béisbol, unos pedían con pasión que Tampa Bay venciera y otros rezaron por los Phillies, o las últimas dos finalistas compitiendo por el título de Miss Universo en la que ambas quieren ser la reina pero sólo una puede llevarse la corona. ¿A quién se le concederá su pedido?
Todas las religiones y tradiciones espirituales están de acuerdo en que hay un ser superior a nosotros que nos rige. Cuando diriges tus peticiones a este ser supremo, sin duda te responderá.