Enseñarle a tu hijo a crecer poco a poco y dejar todo aquello que hizo desde bebé resulta no sólo difícil, sino frustrante.
Uno de esos grandes cambios para dejar atrás la personalidad del bebé y darle paso al niño es dejar de lado el biberón, ese elemento que no sólo los alimenta, sino que les brinda consuelo y seguridad.
El pediatra Juan Alberto Robledo señala que el biberón es más bien un elemento cultural, pues para la mayoría de las familias es muy sencillo y cómodo ofrecerlo a los menores para que aprendan rápidamente a dormir.
"El biberón tiene muchos riesgos en el sentido de que varios niños lo usan después del año y medio, cuando por mucho deberías retirarlo al año", declara.
"Son muchos los problemas que se derivan del uso prolongado, como retrasos en el lenguaje, problemas con las caries, paladar ojival o muy profundo, problemas con la pronunciación de algunas sílabas o consonantes y, en ocasiones, problemas de la cuestión del desarrollo facial", explica Robledo.
Existen muchas maneras de cuidar el uso del biberón, agrega el pediatra, y una de ellas es que si el pequeño cumplió 6 meses y sólo ha tomado leche materna, al ofrecer otro líquido, lo mejor será hacerlo en vaso entrenador.
"Para esto el menor debe tener cierto nivel de desarrollo, como que sepa succionar para generar vacío en un popote; los niños deben tener de 7 a 8 meses de edad. En el caso de los que siempre han tomado biberón, al año hay que iniciar con las tazas entrenadoras".
Poco a poco el niño adquirirá la habilidad de tomar con popote o con válvula de un vaso, hasta que lo haga sin derramarse el líquido encima, aproximadamente cerca del año y medio o los 2 años.
"Los cambios en ese sentido deben hacerse graduales; hay que darles aproximadamente seis semanas para tolerarlos, pero el tiempo puede variar si esta situación está asociada a otra circunstancia que le pueda generar estrés al niño", menciona el pediatra.
Las situaciones que pueden retrasar este proceso son la llegada de un nuevo hermanito o un cambio de escuela, lo que generará que rechace el que le quites un objeto de apego.
Para ello, algunos padres optan por reemplazar el biberón por otro objeto que no le genere ningún riesgo, como una manta, un osito o una mordedera que él mismo pueda dejar.
"El biberón y el chupón están en el mismo nivel porque le generan un riesgo: deformidad de su arcada dentaria, y es difícil que sea un daño reversible, por lo que no es recomendado para suplir la mamila".
Para poder retirar el biberón, Robledo sugiere quitarlo de la vista del menor para que no lo vea, empezando con el del día pues en la noche resulta más complicado.
"El niño lo relaciona con el descanso, así que debe dejarse el de la noche como el último biberón a retirar y, cuando se haga, hay que introducir más alimento sólido para que no tenga apetito al dormir.
"Luego de una cena completa, hay que seguir un ritual en donde lo bañes, le pongas su pijama, no juegues mucho con él, le cuentes un cuento, para no recordarle el biberón".
De esta manera el niño adquirirá, poco a poco, la habilidad de dormir como debe ser, sin necesidad de un intermediario como el biberón, agrega.
Dentro de las estrategias que recomienda Robledo está distraer al menor con otras cosas antes de ir a la cama y que no relacione el biberón con la hora de dormir; asimismo, evitar darle alimentos muy endulzados en las tardes.
"Hay mucha gente que es más radical y le quita el biberón de golpe al octavo o noveno mes, pero es porque entre más pequeño esté, su costumbre es menor que en los niños mayores".













