El deseo de la sociedad de preservar la juventud ha llevado a la mayoría de las firmas cosméticas a aunar todos sus esfuerzos en la búsqueda de eficaces ingredientes y nuevas tecnologías que den con la clave para frenar el envejecimiento de la piel.
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A nivel molecular, los mensajes genéticos que envían el ADN y el ARN a la célula de la piel madura para su reproducción se hacen menos frecuentes, por lo que éstas dejan de reproducirse en la abundancia y frecuencia que solían hacerlo. Al haber menor producción, las células muertas se quedan durante más tiempo en la superficie, produciendo un efecto de escamas.

Este cambio preprogramado hace que las células modifiquen su estructura, provocando cambios en la textura del cutis. Al hacernos mayores, nuestras células ya no retienen la suficiente humectación, por lo que se experimentan los signos de la edad, tales como resequedad, flacidez y surcos.

Además, debido a los cambios hormonales de la menopausia en el caso de las mujeres, sobreviene una pérdida de luminosidad,  flexibilidad y elasticidad de la piel. El síntoma más marcado es el adelgazamiento de la dermis, que se atrofia y hace que los tejidos se relajen, haciendo que el óvalo facial se vea poco definido y con apariencia de "colgado".

A TUS 16

La firmeza y humectación de tu rostro son inmejorables, y es en este punto que comienzas a hacerte responsable de la elección de productos que utilizarás para su cuidado.