Playa de Farol en la Isla de la Miel. Foto: EFE.
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Brasil/EFE — En la Isla de la Miel, el aire es puro, las playas son limpias y el paisaje te deja sin respirar por unos momentos, como complemento el ambiente es de tranquilidad y las personas locales muy relajadas y simpáticas.

La isla es un paraíso ecológico y de bellezas naturales. El viaje para llegar hasta la playa es encantador porque no es posible ir en coche. Hay que tomar un barco en Pontal do Sul, el trayecto dura media hora, después caminar por el trapiche hasta que tus pies toquen la arena blanca del lugar.

En tierra hay buena infraestructura para recibir a los viajeros: restaurantes, caminos bien señalados y hasta internet para los que no aguantan estar lejos de casa sin comunicarse.

Hospedaje es lo que no falta, son más de 65 pequeñas posadas, un albergue de la juventud, un hotel de lujo y muchos campings, para los que prefieren unos días de contacto con la naturaleza.

Brasilia y Encantadas son las dos playas principales, la primera es la preferida por los jóvenes que practican el surf y les gusta la vida nocturna.

La principal atracción de la Isla es el Faro situado en el cerro de las Conchas. El monumento fue construido en 1872 por orden de Don Pedro II, un Emperador portugués, para orientar a los navegadores de la Bahía de Paranaguá. Actualmente el faro es alimentado por energía solar.

Para subir es necesario un poco de ejercicio pero la vista desde allá es esplendida; las playas, el verde y las rocas forman un paisaje que compensan el esfuerzo.

Del otro lado de la Isla en el extremo sur está Encantadas, esta playa es ideal para relajar y estar lejos del ruido. Sus aguas claras y calientes llaman a la práctica del buceo. Para los que gustan de las caminadas y el paraglide, los cerros y las paredes rocosas hacen la invitación.