El 14 de septiembre, en la contienda para el Senado Estatal, los votantes del noroeste del Bronx tendrán una opción clara: la política corrupta de la ambición personal o la integridad y experiencia que traigo yo, Gustavo Rivera.

Durante la última década, he vivido en el mismo apartamento en University Heights. Como mis vecinos, entiendo lo que es luchar para pagar el alquiler, mantener las luces encendidas y tomar el tren al trabajo. He estado enseñando Ciencia Política en Hunter College y Pace University y he trabajado para el Senado Estatal y el Senado de los EE.UU. aprendiendo como legislar y definir las políticas públicas.

Durante muchos años más, mi contrincante se ha estado forrando sus bolsillos con millones de dólares de los contribuyentes manejando una serie de clínicas de salud y está al momento bajo varias investigaciones locales, estatales y federales. El ni siquiera vive en el Bronx; vive lujosamente por casi 20 años en una casa valorizada en más de $700,000 en el condado de Westchester.

Mientras yo he estado luchando por las necesidades básicas de nuestra comunidad como el empleo, la vivienda de precios asequibles, la educación, la legislación de acceso al idioma, y las protecciones de fraude y crímenes de odio hacia los inmigrantes, mi oponente ha estado concediendo trabajos para sus familiares y amigos y aceptando miles de dólares en donaciones políticas de los propietarios ricos de Manhattan para entorno ignorar los derechos de los inquilinos del Bronx.

Soy una persona honesta, trabajadora, que ha laborado con líderes comunitarios y oficiales electos a través de la ciudad, el estado, y hasta en la Casa Blanca. Mi contrincante se pasa de escándalo a investigación y nadie puede confiar en su palabra, menos en su honestidad. Simplemente, se le ha olvidado para quien trabaja.