Como neoyorquinos, dependemos del sistema de transporte público para llegar a nuestros trabajos y para unir a nuestras comunidades ya sea para comercio o para diversión. Nuestro sistema de transporte público es uno de los más extensivos en el mundo, pero para mejorar este sistema se necesita una colaboración entre la alcaldía y el público.

Sin embargo, cuando se trata de la política del sistema de transporte público, el actual alcalde no ha sido un defensor del sistema. Sus asignados a la junta de la MTA nunca defienden los usuarios del transporte público, no han abogado por mejor supervisión, y se han quedado callados o han actuado en complicidad cuando se refiere a aumentos en las tarifas.

Durante los últimos 15 meses, los usuarios trabajadores y de la clase media han sido forzados aguantar la carga de dos aumentos en las tarifas, mientras simultáneamente el sistema ha cortado servicios y las estaciones del metro siguen deteriorándose. Nadie quiere que nuestro sistema del metro regrese al fracaso que era en los años 70.

Tomó casi veinte años de inversión consistente en los años 80 y los 90 para mejorar el sistema. Pero bajo Mike Bloomberg, los fondos dedicados al transporte público han sido reducidos –aún durante los años de la expansión económica.

El Estado de Nueva York ha desviado cientos de millones de dólares en subvenciones designados para los buses, y dirigió servicios designados para el sistema de transporte al fondo general del estado. La ciudad ha empeorado la situación con su reducción drástica en su contribución al presupuesto capital de la MTA.

El resultado final ha sido un presupuesto capital menos financiado por casi $10 mil millones. Para manejar esta situación intolerable, la MTA ha utilizado tarifas para pagar los intereses astronómicos y los costos capitales en vez de usarlos para continuar la operación del sistema.