Si no se les detiene en Washington, Fortuño y su Comisionado Residente ante el Congreso, Pedro Pierluisi, mantendrán en cuarentena éste territorio de Estados Unidos. Seguirán aplicando en Puerto Rico la economía de “supervivencia del más apto”, sin tener que rendir cuentas de cómo se invierte en la isla el multimillonario financiamiento de Estados Unidos.

Puerto Rico se está adentrando en una depresión. Su tasa de desempleo actual es del nivel de la de Michigan, ha perdido casi 50,000 empleos en el sector privado desde que Fortuño tomó posesión hace diez meses y ahora se prevé la pérdida de otros 17,000 puestos en el sector público para el 6 de noviembre. La tasa de desempleo podría alcanzar la de Nueva Orleans luego del paso del huracán Katrina.

A la fecha, Puerto Rico ha recibido $2,900 millones en fondos de la ley ARRA y sólo se han creado 126 puestos de trabajo. Otros estados en crisis ya han generado miles de nuevos puestos de trabajo en sectores verdes, energía sostenible, tecnología de la información e infraestructura.

La marcha anteriormente en este mes demostró que el puertorriqueño cree en el futuro de Puerto Rico. Lo que se inició como una marcha de protesta por los inminentes despidos de trabajadores del sector público, se ha vuelto un movimiento que le exige al gobernador Fortuño que rinda cuentas de esta pesadilla financiera.

Los puertorriqueños merecen mucho más que un gobernador cuyo único plan de recuperación económica sea despedir a las mismísimas personas que son el cuerpo y alma de la red de protección social.