Tanto Juanes, como Olga Tañón, Miguel Bosé, Víctor Manuel, Pablo Milanés, Silvio Rodriguez, el Grupo Van Van y otros, pusieron el alma en cada una de sus interpretaciones, haciendo de igual manera que los presentes y los televidentes entremezclaran sus sentimientos.

Lo más significativo de Paz Sin Fronteras fue su pulcritud y el respeto. No se insultó a nadie. No se utilizaron palabras fueras de contexto. Sólo se dejaron fluir los sentimientos y el público se dejó llevar por la alegría.

Es la primera vez, fuera de la visita del Santo Papa, que tantas personas acuden libremente a la Plaza de la Revolución y todos fueron con un propósito, disfrutar, divertirse y olvidar un poco la cotidianidad de sus vidas.

¿Cómo negarle la posibilidad no sólo de vibrar al ritmo de la música, sino de vivir? Sí, de VIVIR, porque ellos vivieron cada segundo y cada minuto que duró el concierto.

En cada una de las actuaciones era evidente el derroche de alegría, tarareaban las canciones una por una. ¿Cuándo iban a tener la oportunidad de disfrutar de esos artistas? ¿Cuando vinieran en balsas a Miami y los cantantes cubanos radicados en la Ciudad del Sol realizaran un espectáculo “gratis” para ellos?

Juanes hará muchos Conciertos de Paz sin Fronteras por doquier, pero el de Cuba será recordado por los siglos de los siglos como el mejor espectáculo del mundo.