El Concierto por la Paz de Juanes en Cuba fue espectacular, fabuloso, vibrante, emocionante, sensacional, histórico, delirante, pero sobretodo fue un ‘No a la arrogancia, intolerancia, insensibilidad y a la prepotencia’.
Juanes y los artistas que participaron en tan magno evento demostraron que ciertamente el arte une a los pueblos. Que la música no tiene fronteras.
Los que se oponían a que estos artistas llevaran paz, amor y música al pueblo cubano, demostraron poca sensibilidad y mucha arrogancia. ¿Cómo negarle a un pueblo oprimido la dicha de una felicidad aunque sea efímera?
Estamos seguros que mientras duró el concierto la gente olvidó el embargo, la opresión, los presos políticos, la ración de alimentos que comen a diario, los desaciertos de la revolución y los infortunios que dicen viven los cubanos a 90 millas de Miami, donde los otros, sí que tienen buena vida, lo tienen todo desde hace más de 40 años.
Por un momento todo fue alegría lo que contagió a más de un millón de cubanos que aclamaron por libertad y paz sin municiones, sin armamentos, sólo se usaron instrumentos musicales para “exigir” un cambio a las políticas erradas y arcaicas del gobierno de ese país.
La música de Juanes y comparsa es el mejor vehículo para despertar conciencia y admitir que los tiempos han cambiado y que lo que ayer fue fructífero para la revolución hoy es obsoleto.
Ese mensaje de amor y paz podría ser la antesala a la esperanza, a un nuevo amanecer para los cubanos.
Hasta el día de hoy se han utilizados mil maneras para derrocar o cambiar la política de Fidel Castro sin éxito alguno, tal vez el mongo, la guitarra, el piano y otros instrumentos musicales sean más efectivos para lograr la tan “deseada” liberación.







