El triunfo del dominicano, Félix Díaz, en los Juegos Olímpicos recién finalizados en Beijing pone de relieve que a pesar de la pobreza y marginalidad en que se desenvuelve un gran segmento de los hijos de la patria de Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón, a pesar de ellos se sabe imponer en los momentos que más requiere del sacrificio de sus hijos.
Este joven, nacido en Sabana Perdida, Santo Domingo, demostró con su arrojo y estilo de boxear que cuando se quiere se logra. Es de gran satisfacción para los paisanos como suelen identificarse en tierras extraña donde se juntan a contar y departiré las odiseas a que se tienen que someter para vivir que por diferentes razones, pero que al final termina siendo las mismas.
Esa medalla ganada convincentemente viene a darles un respiro a los dominicanos que la reciben como todo un triunfo de la nación. Vayan mis felicitaciones para ellos y que le sirva de ejemplo de que la grandeza del pueblo dominicano no se circunscribe solamente al béisbol.
También tenemos Félix Sánchez quien nos dio la primera medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, que pone en alto la bandera nacional.
Aprovecho este medio, para felicitar a los dominicanos tanto los que residen en territorio norteamericano como a los de allá.
La felicidad es doble y de gran significado al pensar que son dos Félix los que han puesto el país en alto celebrando también en diferentes momentos.
No hay manera para describir este acontecimiento, porque realmente ver como los dominicanos se uniesen para pujar por su pupilo boxeador, es digno de respeto y admiración.
Félix Díaz, el mundo te felicita desde este lugar donde estoy recluido junto a otros paisanos, como tú. Te envío el más caluroso saludo y felicitaciones por esa gran victoria.
Es extensivo ese saludo de los dominicanos que están padeciendo la situación de quien escribe pero tu triunfo nos llena de orgullo y satisfacción.
Esperando que sea el preámbulo de lograr lo que cada ser humano anhela en la vida, por el bien de todos y de la familia, ver cantar y reír en una sola voz.
nos escribe desde Philipsburg, PA.






