Recuerdo a un maestro que tuve en escuela superior que siempre nos decía, “tu opinión y diez chavos te consiguen una trilla en guagua pública”. Su punto era que las opiniones carecían de mucho valor, que no eran difíciles de generar y que lo realmente valioso era el conocimiento empírico e informado.
Más recientemente, cuando comenzamos a desarrollar el ya reconocido Informe del Centro para la Nueva Economía y el Brookings Institution, uno de los comentarios que más a menudo recibíamos era que lo menos que Puerto Rico necesitaba era otro estudio pues ya se habían hecho tantos de ellos.
Una de las primeras cosas que hicimos fue precisamente analizar y evaluar muchos de esos trabajos anteriores y nos dimos cuenta que realmente eran pocos los estudios que se habían hecho sobre la economía de Puerto Rico. Lo que verdaderamente abundaban eran las opiniones.
A nosotros en el CNE por la posición que ocupamos en Puerto Rico y la credibilidad que hemos logrado, se nos consulta frecuentemente sobre diferentes asuntos, algunos económicos y otros no. Cuando les decimos que no hacemos comentarios sobre asuntos que no conocemos o que no hemos analizado, se sorprenden, muchas veces se molestan y a veces me cuestionan, “¿pero no tienes una opinión?” Opinión la tiene cualquiera…
En Puerto Rico tenemos muchas personas dispuestas a dar su opinión, y hasta algunas veces opiniones informadas. Lo que me preocupa es lo dispuesto que me parece a veces estamos de establecer política pública basada en opiniones.
Uno de los principios fundamentales del Centro para la Nueva Economía es que las leyes y la política pública de un país son muy importantes para delegarse a partidos políticos o grupos de interés y que en vez, se deben desarrollar en un ambiente independiente y fundamentadas en rigurosos análisis empíricos.
También hay mucho peligro en los procesos de consenso pues típicamente el resultado no es el destilado de las mejores ideas sino más bien propuestas diluidas que constituyen el más bajo denominador común. El producto del consenso lo describía Margaret Thatcher como algo en lo cual nadie cree pero nadie objeta.
Finalmente, tenemos que cuidarnos de urgencias ficticias y plazos de fecha arbitrarios. Ciertamente debemos buscar ser lo más eficiente posible. Pero debemos asegurarnos que nuestro sentido de urgencia no se convierta contraproducente. Nos ha tomado mucho tiempo llegar a la situación en la que nos encontramos en Puerto Rico. Debemos tomarnos el tiempo que sea necesario para desarrollar las políticas apropiadas para salir de esta crisis de una vez y por todas sin tener que remediar después.
Parte de la misión del Centro para la Nueva Economía es proveer un espacio independiente, de estricto rigor y de alta credibilidad para llevar a cabo este tipo de análisis y lograr no tan solo ilustrar el debate, sino influir positivamente en el desarrollo de política económica.
Pero al fin y al cabo nuestros gobernantes son los responsables de ejercer su liderato y determinar entre las opciones existentes cual es el mejor camino a tomar. De la misma manera, nosotros los ciudadanos debemos tomar un rol en la vida pública de nuestro país, siendo responsables de informarnos sobre temas públicos, monitorear el progreso y finalmente evaluar los desempeños democráticamente.
es el Director Ejecutivo del Centro para la Nueva Economía en Puerto Rico.






