Colombia insiste en un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, como tabla de salvación para su economía, afianzar su incorporación en la globalización de mercados y activar programas de producción, comercio y servicios, que permitan reducir el desempleo, flagelo en los últimos cinco años.
En esta plataforma coinciden gobierno y empresa privada; las tres centrales obreras y algunos analistas de centros de estudio económico particulares, guardan reservas. Para los sindicatos, significa la posibilidad de trabajo parcial o complementario, si se tiene en cuenta que será más alto el volumen importado que el exportado.
El Centro de Estudios Económicos de la Universidad Nacional, observa que el TLC, requiere aplicación gradual, si se tiene en cuenta que el país, no tiene suficiente infraestructura en puertos, aeropuertos y terminales de carga para atender el flujo de mercancías que significa un libre comercio.
Sin embargo, no se aparta del objetivo, como beneficio a corto tiempo.
Al promediar el segundo semestre de este año, el Gobierno de Colombia informó que ha destinado un equivalente a 400 millones de dólares, para mejorar los terminales portuarios de Cartagena, Barranquilla, y Santa Marta en el atlántico; y Buenaventura en el pacífico. Las obras de ampliación fueron adjudicadas a consorcios colombo extranjeros hace un mes, y se espera que su ejecución, comience en el primer semestre de 2009.
Estados Unidos participa con la primera inversión extranjera, en exploración y explotación de petróleo, carbón, ferroníquel, automotores importados y de ensamblaje local, y productos de alta tecnología para industria, comercio y servicios, con más de 2 mil millones de dólares, en el primer semestre de 2008. Incluye también capacitación y asistencia técnica, para el manejo de biocombustiles y preservación de zonas ecológicas y agrícolas, principal reserva de Colombia.








