Esta semana El Diario / La Prensa ofrece una serie de editoriales especiales sobre el tema del sistema judicial paralelo que hay para los Inmigrantes
En EE.UU. hay dos sistemas de justicia. En uno, la gente (en su mayoría blancos) tienen derechos humanos y civiles básicos. Al inicio del proceso tienen acceso a un abogado. Pueden avisarle a su familia en dónde se encuentran detenidos. Tienen derecho a tratamiento médico competente mientras están en la cárcel. Y en caso de morir en prisión, se les rinde informe a sus familias.
A la sombra de éste, hay en el país un segundo nivel de justicia para aquellos (la mayoría de piel de otro color diferente al blanco) que no pueden presentar una identificación válida y que con frecuencia no hablan inglés. En este país, uno puede ser detenido y, si es que lo hay, tener un limitado acceso a consejo legal y sin poder notificar a la familia. Adonde te tienen detenido es a menudo un secreto y te pueden trasladar, sin previo aviso, a otro centro de detención clandestino. Los guardias pueden dejarte sufriendo de dolor o, peor aún, sin atención médica y no hay quien asuma responsabilidad por este tipo indolente de negligencia.
Cada año en los Estados Unidos, cientos de miles de personas pasan por este complejo sistema prisión semiclandestino. En un día cualquiera, más de 33,000 inmigrantes, desde niños a personas que huyen de la violencia y la persecución, se encuentran detenidos. Esto no incluye a extranjeros que están detenidos en cárceles federales, muchos de ellos están allí por delitos que una vez fueron tratados como violaciones del código civil.
Las corporaciones cuentan con este tipo de detención y con su crecimiento para beneficio material. A medida que las reformas al sistema de justicia penal ganan fuerza y que los estados bajo presiones presupuestales liberan a algunos prisioneros, se identifica un pujante y floreciente complejo mercado industrial de prisiones para detener a inmigrantes.
Esta semana, en una serie de editoriales, EL DIARIO/LA PRENSA observa las condiciones dentro de los centros de detención para inmigrantes y la falta de responsabilidad por el grave trato indolente que se le da a los detenidos. Este rotativo examinará la forma cómo corporaciones privadas, contratadas por el gobierno federal, ven la detención como una mina de oro. Todo esto tiene serias implicaciones tanto para los latinos, la comunidad de más rápido crecimiento, como para nuestra nación.
Por último, haremos hincapié en las recomendaciones para el control de este creciente complejo de prisiones de inmigración.
A medida que la movilización por la reforma de inmigración llega a su punto de efervescencia, planteamos el tema de los centros de detención para inmigrantes como una cuestión de justicia, o mejor dicho, de injusticia. La detención de inmigrantes burla las normas internacionales básicas para el trato humano, contradice los principios constitucionales y los valores familiares, ya que, a menudo, padres se encuentran detenidos innecesariamente y separados de sus hijos.
Este vergonzoso sistema se ve motivado por la búsqueda de ganancias materiales, y no por políticas sensatas y humanas. Los ciudadanos del país no tenemos por qué tolerar este sistema.
Esta semana El Diario / La Prensa ofrece una serie de editoriales especiales sobre el tema del sistema judicial paralelo que hay para los Inmigrantes
En EE.UU. hay dos sistemas de justicia. En uno, la gente (en su mayoría blancos) tienen derechos humanos y civiles básicos. Al inicio del proceso tienen acceso a un abogado. Pueden avisarle a su familia en dónde se encuentran detenidos. Tienen derecho a tratamiento médico competente mientras están en la cárcel. Y en caso de morir en prisión, se les rinde informe a sus familias.
A la sombra de éste, hay en el país un segundo nivel de justicia para aquellos (la mayoría de piel de otro color diferente al blanco) que no pueden presentar una identificación válida y que con frecuencia no hablan inglés. En este país, uno puede ser detenido y, si es que lo hay, tener un limitado acceso a consejo legal y sin poder notificar a la familia. Adonde te tienen detenido es a menudo un secreto y te pueden trasladar, sin previo aviso, a otro centro de detención clandestino. Los guardias pueden dejarte sufriendo de dolor o, peor aún, sin atención médica y no hay quien asuma responsabilidad por este tipo indolente de negligencia.
Cada año en los Estados Unidos, cientos de miles de personas pasan por este complejo sistema prisión semiclandestino. En un día cualquiera, más de 33,000 inmigrantes, desde niños a personas que huyen de la violencia y la persecución, se encuentran detenidos. Esto no incluye a extranjeros que están detenidos en cárceles federales, muchos de ellos están allí por delitos que una vez fueron tratados como violaciones del código civil.