Esta semana El Diario / La Prensa ofrece una serie de editoriales especiales sobre el tema del sistema judicial paralelo que hay para los Inmigrantes

 

 

En EE.UU. hay dos sistemas de justicia. En uno, la gente (en su mayoría blancos) tienen derechos humanos y civiles básicos. Al inicio del proceso tienen acceso a un abogado. Pueden avisarle a su familia en dónde se encuentran detenidos. Tienen derecho a tratamiento médico competente mientras están en la cárcel. Y en caso de morir en prisión, se les rinde informe a sus familias.

 

A la sombra de éste, hay en el país un segundo nivel de justicia para aquellos (la mayoría de piel de otro color diferente al blanco) que no pueden presentar una identificación válida y que con frecuencia no hablan inglés. En este país, uno puede ser detenido y, si es que lo hay, tener un limitado acceso a consejo legal y sin poder notificar a la familia. Adonde te tienen detenido es a menudo un secreto y te pueden trasladar, sin previo aviso, a otro centro de detención clandestino. Los guardias pueden dejarte sufriendo de dolor o, peor aún, sin atención médica y no hay quien asuma responsabilidad por este tipo indolente de negligencia.

 

Cada año en los Estados Unidos, cientos de miles de personas pasan por este complejo sistema prisión semiclandestino. En un día cualquiera, más de 33,000 inmigrantes, desde niños a personas que huyen de la violencia y la persecución, se encuentran detenidos. Esto no incluye a extranjeros que están detenidos en cárceles federales, muchos de ellos están allí por delitos que una vez fueron tratados como violaciones del código civil.