La trama se complicó. Días antes de la elección, los votantes del Distrito 34 estuvieron recibiendo llamadas automáticas de Nicholas A. DiMarzio, de la Diócesis de Brooklyn de la Iglesia Católica Romana. DiMarzio ensalzó las virtudes de López, una señal no tan discreta, para que ellos apoyaran a Dávila.

Todo esto suena como una telenovela o como un juego por el poder feudal -- terrateniente y la iglesia colaborando para controlar a la plebe rebelde. Esto hay que atribuirselo a las malas políticas de López, el creador de reyes, a las malas decisiones del obispo DiMarzio, y un "como se nos ocurrió hacer eso" del partido de Nueva York que profesa ser el de la familia obrera.