Hablar sobre vivienda barata y asequible en la ciudad de Nueva York es bueno si al mismo tiempo hay un compromiso para reformar las leyes de vivienda. Y ese compromiso tiene que surgir de la alcaldía.
Por años los defensores de los inquilinos han promovido reformas a las leyes con muy buenas razones. El número de viviendas asequibles y de renta controlada se ha reducido, la pérdida se calcula en decenas de miles de unidades anualmente. En una ciudad de 8.3 millones de habitantes, la escala de esta perdida sobrepasa los esfuerzos del Departamento de Vivienda y Preservación y Desarrollo de la ciudad de construir unidades para familias de bajo y moderados ingresos económicos que las necesitan.
Mucha de esta vulnerabilidad se debe a las leyes estatales. Debido a lo que se conoce como descontrol vacante, por ejemplo algunos caseros quieren llegar a una renta de $2,000 que les permitiría permanentemente convertir unidades vacantes de renta estabilizada en departamentos de renta de mercado.
El Contralor de la ciudad y candidato demócrata a la alcaldía Bill Thompson aconsejaría rechazar la legislación que permita la desregulación del control en las rentas controladas. También le exigiría a la legislatura rechazar la ley Urstadt, que le daría a la ciudad —no al estado— la facultad sobre las rentas controladas.
Estas son solamente dos de las reformas que se necesitan. También se necesitan nuevas políticas sobre vivienda más fuertes que que beneficien a la gran mayoría de las familias de Nueva York. El alcalde Michael Bloomberg ha dicho muy poco sobre las reformas fundamentales que se necesitan para proteger a los inquilinos vulnerables.
En esta época de presiones y desplazamientos, Bloomberg también ha dicho muy poco sobre el por qué muchos neoyorquinos han dejado la ciudad durante su mandato y por que muchas familias han visto duplicado el costo de su renta. Ese silencio amenaza con dejar a la ciudad en una encrucijada en lo que a vivienda se refiere.
En esta época de presiones y desplazamientos, Bloomberg también ha dicho muy poco sobre el por qué muchos neoyorquinos han dejado la ciudad durante su mandato y por que muchas familias han visto duplicado el costo de su renta. Ese silencio amenaza con dejar a la ciudad en una encrucijada en lo que a vivienda se refiere.