En las elecciones del 2006 y del 2008, los votantes hispanos le enviaron un mensaje claro a Washington: reformar inmigración y dejar de utilizar a los inmigrantes como chivos expiatorios.

A principios de este mes familias en riesgo de verse separadas se dieron cita en Harlem para recordarle de dicho mandato a los funcionarios electos. Con la crisis económica, la reforma de inmigración se hace aún más urgente para el bienestar de millones de familias.

Sin embargo, debido al proceso de selección del gobernador David Paterson, nuestro estado ahora cuenta con una senadora que propugna el tipo de posiciones contra las que han luchado los latinos los últimos años. Algunos funcionarios hispanos están respondiendo. Dicha respuesta tiene que ser fuerte. Y tiene que reflejar el hecho que hemos llegado bastante lejos para cederle terreno a aquellos que quieren poner los temas que le importan a los latinos en un segundo plano.

Extremistas de derecha han pintado una imagen de unos Estados Unidos sitiada por inmigrantes indocumentados, específicamente por los latinos. Ignoran una verdad histórica: que nuestra nación se ha beneficiado enormemente debido a los inmigrantes. Y tratan de ocultar el hecho que millones de familias estadounidenses tienen indocumentados en su seno.

Esta hostilidad pone nuestras vidas en peligro. Los crímenes de odio contra los latinos, incluyendo los indocumentados y los documentados, aumentaron en un 40% en los últimos cinco años.

Nuestra comunidad se manifestó contra estas mentiras y ese odio. Las organizaciones hispanas trabajaron para naturalizar a los residentes legales, inscribir votantes y llevar a los latinos a las urnas. Los resultados: los votantes latinos depositaron un record de 10 millones votos en 2008. La gran mayoría de los electores hispanos apoyan la vía de la legalización.