En julio, Luis Ramírez fue golpeado a muerte por una pandilla en Shenandoah, Pennsylvania. En agosto, un hombre de Staten Island lanzó su vehículo contra las vitrinas de tres tiendas de comerciantes latinos. El mes pasado, una pandilla persiguió y apuñaló mortalmente a Marcelo Lucero en Patchogue, Long Island.
Esta lista de ataques de odio ha aumentado con la brutal paliza de otro inmigrante latino.
José Sucuzhanay, un empresario de Bushwick, estaba con su hermano Romel el domingo cuando fue golpeado con un bate por un grupo de hombres. Según se informó, fue declarado con muerte cerebral el día de ayer. Romel había llegado desde Ecuador para visitar a su hermano, y no para enterrarlo.
Testigos escucharon a los cobardes atacantes gritar a los hermanos epítetos antigays y antihispanos. Ellos confundieron el abrazo fraternal de Romel y José, tratando de luchar contra el frío, como un signo de que eran gay.
Este odio y violencia no es algo aislado. En el 2005, el FBI documentó más de 1,200 crímenes de odio en contra de personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT). Pero estos números están muy por debajo de la realidad, de acuerdo con la National Gay and Lesbian Task Force.
Los crímenes de odio en general están insuficientemente reportados. Los inmigrantes indocumentados son las víctimas que menos denuncian estos delitos.
El odio no surge de la nada. Con una campaña antiinmigrante centrada en los latinos, el número de crímenes de odio contra los hispanos ha aumentado en un sorprendente 40 por ciento desde 2003. Más del 62 por ciento de los crímenes motivados por prejuicios contra la etnia o el origen nacional se cometen contra los hispanos.
Los agresores de Sucuzhanay deben ser llevados ante la justicia. Felicitamos a los líderes que rápidamente denunciaron este delito. También los instamos a seguir siendo implacables en llamar la atención sobre la tendencia de odio y las actitudes que dan lugar a la misma.
Los agresores de Sucuzhanay deben ser llevados ante la justicia. Felicitamos a los líderes que rápidamente denunciaron este delito. También los instamos a seguir siendo implacables en llamar la atención sobre la tendencia de odio y las actitudes que dan lugar a la misma.