Después del 9/11, el presidente Bush se paró al lado de los trabajadores de rescate en el Punto Cero y prometió que las personas que nos habían atacado de tal manera, la pagaría. Poco después, los Estados Unidos se embarcaron en el derrocamiento del gobierno talibán en Afganistán y parecía que la captura de Osama Bin Laden estaba a mano.
Pero entonces todo como que se salió de foco. Los guerreros afganos que el gobierno de Bush había enviado para capturar a Bin Laden dejaron que se les escapara. Afganistán se borró del foco de atención de Bush.
Se pregonó entonces un peligro nuevo: Saddam Hussein. Bush y sus altos funcionarios emitieron cientos declaraciones para construir un caso contra Saddam. Decían que tenía armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda. Sin embargo, no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak. Tampoco vínculos entre Saddam y Al Qaeda. Bush, junto con sus altos funcionarios, claramente manipularon la información y le mintieron al pueblo norteamericano.
Una guerra que jamás debió haber sucedido, hasta el momento ha cobrado las vidas de más de 97,000 iraquíes, así como las de 4,200 militares de los Estados Unidos.
En casa, a nombre de la guerra contra el terror, el gobierno de Bush avasalló derechos humanos y civiles básicos. Bush ordenó la vigilancia ilegal de llamadas telefónicas y del correo electrónico y sus altos funcionarios trataron de justificar la tortura de los detenidos. Se han realizado operaciones secretas de personal militar en todo el mundo. Para quienes abogan por las libertades civiles, han aparecido todo tipo de listas de terroristas. El fantasma de tribunales secretos en el campo de detención de Guantánamo y las torturas en Abu Ghraib dan al traste con la credibilidad de esta nación como una que representa la fuerza de la libertad y de la ley.
Mientras tanto en Afganistán, los talibanes se han reagrupado. ¿Y Bin Laden? Él, parece haber sobrevivido a los años de Bush muy bien también.
Después del 9/11, el presidente Bush se paró al lado de los trabajadores de rescate en el Punto Cero y prometió que las personas que nos habían atacado de tal manera, la pagaría. Poco después, los Estados Unidos se embarcaron en el derrocamiento del gobierno talibán en Afganistán y parecía que la captura de Osama Bin Laden estaba a mano.
Pero entonces todo como que se salió de foco. Los guerreros afganos que el gobierno de Bush había enviado para capturar a Bin Laden dejaron que se les escapara. Afganistán se borró del foco de atención de Bush.
Se pregonó entonces un peligro nuevo: Saddam Hussein. Bush y sus altos funcionarios emitieron cientos declaraciones para construir un caso contra Saddam. Decían que tenía armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda. Sin embargo, no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak. Tampoco vínculos entre Saddam y Al Qaeda. Bush, junto con sus altos funcionarios, claramente manipularon la información y le mintieron al pueblo norteamericano.
Una guerra que jamás debió haber sucedido, hasta el momento ha cobrado las vidas de más de 97,000 iraquíes, así como las de 4,200 militares de los Estados Unidos.
En casa, a nombre de la guerra contra el terror, el gobierno de Bush avasalló derechos humanos y civiles básicos. Bush ordenó la vigilancia ilegal de llamadas telefónicas y del correo electrónico y sus altos funcionarios trataron de justificar la tortura de los detenidos. Se han realizado operaciones secretas de personal militar en todo el mundo. Para quienes abogan por las libertades civiles, han aparecido todo tipo de listas de terroristas. El fantasma de tribunales secretos en el campo de detención de Guantánamo y las torturas en Abu Ghraib dan al traste con la credibilidad de esta nación como una que representa la fuerza de la libertad y de la ley.