Estamos contando los últimos días del gobierno de George W. Bush. Cuando va de salida, el Presidente 43ro. de Estados Unidos deja detrás un país en crisis: un derrumbe económico ha llevado, bajo su vigilancia, a una devastación económica que amenaza al país con con el peor bajón desde la Gran Depresión. (Bush ha presidido sobre el desmantelamiento de dos famosas industrias estadounidenses — la banca de inversiones y la del automóvil, y seguimos contando.)

El presidente de dos períodos también deja una nación en guerra. Estados Unidos está con el agua al cuello en Irak — a un costo inimaginable en términos de vidas y tesoro — y pierde terreno contra los talibanes en Afganistán. Contamos menos amigos y aliados alrededor del mundo (y más enemigos) que en cualquier momento desde el fin de la Guerra Fría.

Hay mucho más gente pobre en América que hace ocho años. Y más estadounidenses carecen de un adecuado cuidado de salud. Hay más hambre. Hay menos ahorros.

A partir de mañana en las páginas de opinión de EL DIARIO/LA PRENSA, importantes expertos analizarán el legado del Presidente Bush. Ellos describen cómo nos fue bajo el gobierno de Bush, los traspiés de nuestro presidente 43ro., y las lecciones que el presidente electo Barack Obama necesita tener en cuenta.

Los doctores Jaime Torres y Olveen Carrasquillo, de Latinos for National Health Insurance, tratan propuestas a las que Bush se opuso y cómo eso afectó la cobertura médica para los hispanos. Sobre la pobreza, la ex funcionaria de la ciudad de Nueva York, Lilliam Barrios-Paoli explora cómo el conservadurismo compasivo fue una respuesta inadecuada a desigualdades sistemáticas. Un viejo defensor de la igualdad en educación, Luis O. Reyes, evalúa la política educativa con el signo de Bush, ‘Que Ningún Niño Quede Rezagado’.