Este pasado domingo muchos de los corredores de nuevo llevaron en su pecho los escudos, las banderas, los colores o las siglas de sus países. Y por primera vez desde 1982, un corredor con U.S.A en el pecho ganó el Maratón, por años dominado por atletas de Kenya y Etiopía.

Pero en cuanto se dio a conocer el nombre del ganador y su historia, los aleluyas disminuyeron considerablemente entre cierto sector de la población. El ganador, Mebrathtom Keflezighi, es ciudadano norteamericano pero nació en Eritrea, Africa. Sus padres emigraron a Estados Unidos cuando él tenía 12 años.

En los blogs del Internet un comentarista dijo que Kefglezighi en realidad no era un “real/normal American” sino un corredor africano más, a pesar de que se crió y se entrenó aquí.

Esto nos lleva de nuevo a la pregunta Hamletiana que un país de inmigrantes confronta generación tras generación: ¿Quién es un “americano”? Ahora parece que la carta de ciudadanía no es suficiente. Hay que haber nacido aquí y con un nombre fácil de pronunciar.

Suerte que esto no es un problema en otros deportes. Cuando los Yankees están en apuros y Alex Rodríguez da un jonrón o Mariano Rivera poncha al último bateador y salva el partido, a nadie le importa donde nacieron.

Ah, ¿y el último corredor estadounidense en ganar el Maratón en 1982? Alberto Salazar, nacido en Cuba.

Ser o no ser.

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