Me apena decirlo pero me llevó un año y medio ir a In The Heights pero es como si la conociera desde su nacimiento. El spanglish que destila me llena de entusiasmo: es un spanglish cristalino, enérgico, hipnotizador, que no pide disculpas. Me entusiasma que esa lengua bastarda tenga ahora un lugar en Broadway.
La pieza musical comenzó en el no tan remoto año 2000, cuando Lin-Manuel Miranda, un estudiante puertorriqueño en su segundo año de su carrera universitaria en Wesleyan presentó al público local un monólogo incipiente de unos 80 minutos. El tema era la transformación del barrio de Washington Heights, más específicamente la constelación de personajes arquetípicos dominicanos, puertorriqueños, cubanos y mexicanos que se congregan antes y después de un apagón la noche del 4 de julio. De ahí la obra comenzó una metamorfosis que culminó el año pasado cuando una versión ampliada en el teatro Richard Rodgers ganó varios premios Tony. Y está por convertirse en película.
Miranda es un versátil compositor con un admirable instinto antropológico que lo mismo usa el rap para el personaje de Usnavi como la sala, el merengue, la bachata y otros ritmos latinos detrás de los cuales deja escuchar el eco de West Side Story, Fiddler on the Roof y hasta The Capeman. Hay mucho que puede decirse sobre ese material (y, puesto que yo he llegado tarde al carnaval, compruebo que ya se han dicho muchas cosas de valor). A mí lo que me atrae no es solo la exquisita fusión armónica sino el mejunje lingüístico. ¿Acaso no sería conveniente usar un equipo de traducción simultánea? ¿Por qué no se queja la gente que no entiende una cuarta parte de lo que ocurre en escena?
Porque hoy por hoy el bilingüismo es parte integral de los Estados Unidos, o al menos en centros urbanos como Nueva York, Miami y Los Ángeles. El axioma e pluribus unum lo anuncia claramente: la cultura norteamericana no es un todo sino una suma de partes. Tarde o temprano, cada una de esas partes, al menos las que tienen un papel protagónico en el quehacer nacional, reclaman su propio musical en Broadway: el nuestro es In The Heights.
istavans@amherst.edu
Porque hoy por hoy el bilingüismo es parte integral de los Estados Unidos, o al menos en centros urbanos como Nueva York, Miami y Los Ángeles. El axioma e pluribus unum lo anuncia claramente: la cultura norteamericana no es un todo sino una suma de partes. Tarde o temprano, cada una de esas partes, al menos las que tienen un papel protagónico en el quehacer nacional, reclaman su propio musical en Broadway: el nuestro es In The Heights.
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