Hace alrededor de una semana, finalizó el octavo Curso de Criminología y Justicia Criminal celebrado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el mismo fue todo un éxito. Mis felicitaciones.
¿Qué fue lo que le faltó a este sancocho de justicia social dominicana para que que- dará perfecto? Comienzo con enaltecer las palabras del Presidente de la Suprema Corte, Magistrado Jorge Subero Issa, quien a la verdad me sorprendió cuando en la apertura nos dijo: aquí en la República Dominicana, la desigualdad social, política y económica, es responsable de la delincuencia. Mis respetos para el Sr. Subero Isa. Ahora bien, mi respuesta a su evaluación fue que ésta es una manera de describir el llamado crimen de la calle, del pueblo oprimido, dominado y excluido. Pero sin embargo, el crimen cometido por las corporaciones o el estado tiene que ser analizado desde la perspectiva de la corrupción y la impunidad que el mismo sistema produce.
Por ejemplo, tomemos dos realidades dominicanas que debieron de ser el eje principal de discusión de este curso de criminología y justicia criminal y los mismos fueron completamente ignorados: El informe sobre Desarrollo Humano-2008 y la mal llamada Reforma Constitucional.
En el informe de Desarrollo Humano-2008 queda debidamente demostrado que el acceso a la educación, la salud o al empleo de calidad, así como otras capacidades para el desarrollo humano en la República Dominicana no están garantizadas por el Estado de manera equitativa. En otras palabras, aquí se fue al diablo la llamada democracia y con esta violación a los derechos humanos fundamentales, quedó demostrado que el gobierno actual de la República Dominicana, bajo la administración de Leonel Fernández, es un gobierno de gente rica para la gente rica.
Curiosamente y muy acertadamente, el informe asimismo nos dice que para lograr el desarrollo humano se requiere de un “empoderamiento” judicial, que implique un acceso efectivo de la población a la justicia. Esto por desgracia también fue ignorado sin embargo se volvió a validar la maniobra antidemocrática de bendecir el monopolio del ejercicio del poder punitivo por parte del estado como un proceso de recuperación y restitución de las personas a la sociedad luego que hayan cometido un crimen.
De la misma manera en este curso no se habló de la mal llamada reforma constitucional la cual ha demostrado ser una manera legal de exclusión social, o sea, violación a los derechos humanos, muy en particular contra tres grupos de hermanas y hermanos: inmigrantes indocumentados, sobretodo sus hijos; las personas homosexuales; y quienes no profesan la fe Católica Romana.
Y por supuesto, en este curso no se discutió los asesinatos por parte de la Policía Nacional, la puesta en libertad de Sobeida Félix Morel, vinculada al caso de los USD $4 millones 670 dólares provenientes del narcotráfico y la impunidad que la magistrada Rosanna Vásquez le otorgó. Podemos sumarle a esta penosa realidad la invisibilidad los crímenes estructurales como son lo casos de: la Sun Land, Banniter, Lotería Nacional, Instituto de Recursos Hidráulicos (INDRHI)), la Cementera que se construye en los Haitises, y lo que sigue sucediendo con la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). Sigo pidiendo una auditoría sobre la evaluación de los materiales de construcción del Metro de Santo Domingo.
En resumidas cuentas en este curso debimos de haber amarrados todo los cabos concluyendo que la globalización, la pobreza y la justicia social han tenido un impacto serio en la República Dominicana, muy en particular en el renglón de la violación de derechos humanos. Asimismo, se debió de haber reconocido que el capitalismo neoliberal en la República Dominicana, no está en problemas; este sistema socio-económico es el problema. Sigamos construyendo la paz con justicia.
lbarrios@jjay.cuny.edu