Para aquellas personas que no pueden creer que un presidente socialista en América del Sur puede ganar elecciones y gobernar sin ser una copa a carbón del gobernante de Venezuela, Hugo Chávez, lo único que tienen que hacer es mirar un poco más al sur, a la pequeña república de Uruguay.
Hace cuatro años que Tabaré Vázquez de la coalición izquierdista del Frente Amplio gobierna Uruguay. Y después de la primera vuelta del dominó parece que el sucesor de Vázquez va a ser José Mujica, un ex guerrillero que cumplió 14 años de cárcel en los años en que los militares gobernaran el país.
Mujica es vegetariano y cultiva flores en una pequeña finca cerca de la capital. El quedó en primer lugar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo pasado con el 47.5 por ciento de los votos.
Ahora tiene que ir a una segunda vuelta el 29 de noviembre contra su más cercano contrincante, Luis Alberto Lacalle, conservador y ya presidente una vez del Uruguay, quien sacara el 28,5 por ciento de los votos. Tienen que ir a una segunda vuelta porque ninguno de los candidatos sacó el 50 por ciento más uno de los votos.
En Uruguay, uno de los países más civilizados de América del Sur, muchos se preocuparon cuando Vázquez, un oncólogo que aún como presidente continúa trabajando como médico, asumió el poder. El temor era que Vázquez se convertiría en un aliado más del socialismo radical que lidera el presidente venezolano.
Pero ya van cuatro años y Vázquez ha probado que su estilo de gobierno se parece mucho más al de Luis Inacio “Lula” da Silva, quien gobierna en Brasil que Chávez. Vázquez, quien todavía goza con el apoyo de más del 60 por ciento de popularidad entre los votantes uruguayos, bien podría haber tratado de cambiar la constitución para buscar un segundo período en el poder, pero se abstuvo de hacerlo.







