El senador Joe Biden fue escogido por su reputación como experto de política exterior. Pero aquellos que pensaron que la presencia de Biden en la papeleta podría contrarrestar la inexperiencia de Obama en América Latina tal vez se sientan desilusionados.
Durante sus 35 años en el Senado, los últimos diez en posiciones de liderazgo dentro del Comité de Relaciones Exteriores, Biden ha participado en solo cuatro viajes parlamentarios al sur, dos a Colombia y dos a México. La experiencia e intereses de Biden están en otras partes – Europa y el Medio Oriente, particularmente Irak.
Eso no quiere decir que otras prioridades de Biden no afecten la política estadounidense hacia América Latina. En particular, el senador por Delaware, quien apoyó el Tratado de Libre Comercio de Norte América en 1993, ha perdido entusiasmo hacia el libre comercio, la única política importante que ha tenido Washington para la región entera en la última década. Durante los últimos cinco años se ha opuesto a acuerdos de libre comercio con Perú, Centroamérica y Chile.
En 2007 Biden explicó su oposición al acuerdo con Perú argumentando que “la administración Bush no ha demostrado que hará cumplir con efectividad las disposiciones laborales y ambientales, por muy buenas que parezcan”
Para muchos observadores, dicha retórica era típica de un demócrata que se ha hecho más proteccionista para mantener el apoyo de los sindicatos. Más aún, aseguran, América Latina no debiera esperar que una administración demócrata dedique mucha energía a nuevas iniciativas encaminadas a abrir el mercado estadounidense a bienes latinoamericanos.
El ex senador Bob Graham, un demócrata pro libre comercio, sugirió en una entrevista desde Denver esta semana que los demócratas continuarán promoviendo el comercio – pero en forma distinta. “Lo que se vería en una administración Obama no sería un abandono de la expansión del comercio sino más bien una expansión de los temas” a negociar, incluidos derechos laborales, protecciones ambientales y derechos humanos.
Si bien el enfoque sobre comercio de Biden no se distingue del de muchos otros demócratas, su tono hacia América Latina y México en particular ha parecido a veces condescendiente.
A fines del 2006, cuando empezaba a buscar fondos para su infructuosa campaña por la nominación presidencial demócrata, Biden calificó a México de “democracia del pasado” con un “sistema corrupto” que es culpable de la desigualdad, la inmigración ilegal y el tráfico de drogas. “No me digan que en México esperan recibir el mismo trato que le damos a otras democracias cuando no actúan en forma democrática", dijo Biden. “Al menos no bajo mi mandato”.
Si Obama hubiera escogido al gobernador de Nuevo México Bill Richardson, un mexicoamericano con un amplio conocimiento de la región, habría enviado un mensaje muy distinto.
El senador “ha luchado por responder a la causa fundamental de la insatisfacción y de la resultante inestabilidad que ha asolado a la región, particularmente en los últimos años: la tremenda inequidad social”, afirma un documento que me envió su oficina el lunes. Si bien esto puede ser interpretado simplemente como publicidad política, es difícil imaginar a la oficina de Dick Cheney enviando alguna vez observaciones similares.
En efecto, la inequidad social no solo ha sido fuente de conflicto interno sino también de división política en el hemisferio. Si los demócratas ganan en noviembre y si cerrar la brecha de inequidad en América Latina se convierte en la base de un nuevo y bien financiado enfoque hacia la región, muchos latinoamericanos podrían empezar a ver a Washington con ojos distintos.
Washington Post Writers Group (c) 2008







