La tierra fértil del Caribe los vio nacer. Nacieron separados por un estrecho canal y unidos para la eternidad por la fuerza irredenta de sus convicciones, por su nobleza y el amor irrenunciable que profesaron a Puerto Rico y la República Dominicana.
Antillanos universales. Educador y pensador con alma de coquí, Eugenio María de Hostos trascendió su patria y su tiempo para entregar a Puerto Rico y al mundo el ejemplo del ser humano íntegro. Luchó porque Las Antillas encontraran vías de unidad, cooperación y desarrollo en un proyecto regional.
Hombres trascendentales. Militar y estratega, Gregorio Luperón es la espada de la libertad. De lustrar zapatos y vender dulces pasó a la inmortalidad por su lucha libertaria. Un ser humano genial inmune a las apetencias personales y cultos que con regularidad se tejen alrededor de los líderes. Derrotó a los españoles y las huestes de Pedro Santana para indicarnos el camino de la dignidad. A la gloria no se llega mendigando ni en harapos.
Con ellos estamos endeudados. Una deuda moral que los boricuas y dominicanos estamos compelidos a cumplir. En ellos encontramos las dimensiones históricas de nuestra causa común. La escuela Gregorio Luperón resultó del ingenio de Myrna Cubilette y este servidor; pero, no hubiese llegado a existir sin la bendición del entonces Canciller de Educación de Nueva York, José Fernández, de origen puertorriqueño. Desde su nacimiento hasta el presente, la Luperón ha contado con grandes amigos. Hoy, en los albores de la apertura del nuevo plantel escolar, quiero agradecer en nombre del legado de nuestros héroes a uno.
Periodista y activista; hombre con convicciones de hierro; solidario; amigo: Gerson Borrero, el tejedor de historias indomables. Conoce él, por esta vía y por vez primera, lo que siento por su gesto solidario. La lucha de la Luperón por un nuevo edificio estaba en un punto crítico. Los políticos o como diría Gerson, los politiqueros, nos habían abandonado. Cada uno por razones que solo Dios por su omnipresencia y bondad entiende aunque no se si los perdona.
Una buena mañana apareció Claudia Zequeira, ex corresponsal de EL DIARIO, en nuestra escuela. No fue difícil sensibilizarla. Escribió con valentía y denunció, con el apoyo de Borrero, las penurias por las que atravesaban nuestros alumnos y el personal docente. La unidad antillana germinaba en un director de un periódico y un educador. Esa cobertura dimensionó nuestra lucha y nos situó de nuevo en la ofensiva; luego pondríamos a toda la ciudad literalmente ‘Bajo Fuego’. Gracias Gerson por abrir el puente de la hermandad entre boricuas y dominicanos; por darnos el empuje cuando más lo necesitábamos.
Es tiempo para reencontrarnos, nos vemos en la inauguración.
es el director de la Escuela Secundaria Gregorio Luperón de Washington Heights.






