Con la rápida respuesta al coche bomba en Times Square, nuestra ciudad recibió un claro mensaje de sus habitantes y los vendedores ambulantes que juegan un papel importante en nuestra seguridad. De manera que empujar a los vendedores a la marginalidad no es provechoso.

El sábado pasado, Lance Orton, un veterano discapacitado, junto con otro vendedor callejero reportaron a la policía un vehículo estacionado de forma extraña y que estaba desprendiendo humo.

El oficial Wayne Rhatigan, de la policía montada, junto con todo el NYPD merecen todas las felicitaciones por responder rápida y efectivamente a la situación, evacuando el área de Times Square. Pero lo mismo se merecen Orton y el otro vendedor quienes dieron la voz de alarma.

Desde el amanecer los vendedores callejeros trabajan largas jornadas en lugares congestionados. Conocen sus lugares de trabajo y sus alrededores y observan y se fijan en los cambios que suceden. Esto los convierte en una línea importante e informal de defensa para nuestra ciudad.

Algunos negocios ven a los vendedores como una competencia desleal. Pero esta es una ciudad enorme en la que muchas áreas no privilegiadas y trabajadores se benefician por ejemplo de los vendedores de comida. Y estas personas venden para apoyar a sus familias y para compensar sus bajos ingresos.

La administración Bloomberg se resiste a levantar el veto sobre el número de licencias para vendedores callejeros. Y frecuentemente las agencias municipales son bastante agresivas levantando multas a los vendedores y restringiendo los lugares donde pueden vender. Los vendedores se quejan también de que reciben multas por crímenes por faltas que cometen en lugar de multas civiles.



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