La legislación que se debatió el jueves, H.R. 2499 “The Puerto Rico Democracy Act”, sólo tenía un concepto democrático—su título.
El tema del futuro político de Puerto Rico continúa siendo un hueso duro de morder para los miembros del Congreso de los Estados Unidos. Aún cuando el debate sobre Puerto Rico se discute a nivel federal cada 10 años, parece que nadie recuerda las enseñanzas de cada proceso. Yo espero que esta vez se aprenda la lección.
El congresista Luis Gutiérrez y yo nos dimos a la tarea de levantar la voz de alarma al Congreso de que esta legislación no era en nada democrática y requería de cambios para mejorarla.
Yo favorezco que el pueblo realice una Asamblea Constitucional para determinar su futuro, pero si el proceso de auto-determinación va a ser un plebiscito, entonces los puertorriqueños deben tener todas las opciones para escoger libremente. Con esto en mente, logramos aprobar una enmienda que coloca en la papeleta de los electores la opción del “Commonwealth”, el estatus actual de Puerto Rico.
Para que pueda haber un debate positivo de cómo atender el problema de Puerto Rico hay que reconocer que: Primero, es el pueblo de Puerto Rico, incluyendo las comunidades en los Estados Unidos, el que tiene que ejercer su derecho a la autodeterminación y no el Congreso. Segundo, para que un proceso de autodeterminación sea aceptado por el pueblo como válido tiene que ser transparente, justo y acordado por consenso. Y tercero, los partidarios de opciones de estatus que no logren el apoyo del pueblo en Puerto Rico, no podrán conseguir ese apoyo a través del Congreso y mucho menos mediante el uso de subterfugios o esquemas para facilitar una victoria electoral.
El futuro de H.R. 2499 es incierto por demás, la legislación continúa teniendo serias fallas y dudo que el Senado discuta la medida.
El “Puerto Rico Democracy Act” nunca debió discutirse pero los autores del proyecto se llevaron una tremenda lección. El Congreso no validará esquemas electorales antidemocráticos.
Vamos a ver si se aprende la lección.
La legislación que se debatió el jueves, H.R. 2499 “The Puerto Rico Democracy Act”, sólo tenía un concepto democrático—su título.
El tema del futuro político de Puerto Rico continúa siendo un hueso duro de morder para los miembros del Congreso de los Estados Unidos. Aún cuando el debate sobre Puerto Rico se discute a nivel federal cada 10 años, parece que nadie recuerda las enseñanzas de cada proceso. Yo espero que esta vez se aprenda la lección.
El congresista Luis Gutiérrez y yo nos dimos a la tarea de levantar la voz de alarma al Congreso de que esta legislación no era en nada democrática y requería de cambios para mejorarla.
Yo favorezco que el pueblo realice una Asamblea Constitucional para determinar su futuro, pero si el proceso de auto-determinación va a ser un plebiscito, entonces los puertorriqueños deben tener todas las opciones para escoger libremente. Con esto en mente, logramos aprobar una enmienda que coloca en la papeleta de los electores la opción del “Commonwealth”, el estatus actual de Puerto Rico.
Para que pueda haber un debate positivo de cómo atender el problema de Puerto Rico hay que reconocer que: Primero, es el pueblo de Puerto Rico, incluyendo las comunidades en los Estados Unidos, el que tiene que ejercer su derecho a la autodeterminación y no el Congreso. Segundo, para que un proceso de autodeterminación sea aceptado por el pueblo como válido tiene que ser transparente, justo y acordado por consenso. Y tercero, los partidarios de opciones de estatus que no logren el apoyo del pueblo en Puerto Rico, no podrán conseguir ese apoyo a través del Congreso y mucho menos mediante el uso de subterfugios o esquemas para facilitar una victoria electoral.