Cuando le digo a mi hijo Saúl que debe lavar los trastes, a veces no le gusta, pues preferiría hacer otras cosas. Por lo tanto, como sabemos todas las madres, es necesario establecerle un programa de tareas con consecuencias si no se cumplen a tiempo. “Si no lavas los platos esta noche no iremos al partido de fútbol mañana”, le digo. A veces tengo que repetírselo varias veces y hasta levantar la voz. Por supuesto mi primer paso es de intentar persuadirle a que cumpla sus tareas porque es su responsabilidad, pues es lo más correcto.
Empezamos el 2009 con un nuevo presidente de los Estados Unidos, y con una promesa de su parte que iba a lograr aprobar una reforma migratoria en el primer año de su administración. Pasaron los días y luego los meses y el presidente no cumplió su promesa.
Intentamos persuadirle que cumpla porque era su responsabilidad y promesa, porque era lo correcto. En forma pacífica le presentamos los millones de casos de familias separadas, las injusticias del “perfil racial”, lo inhumano de los allanamientos y deportaciones.
Entendiendo muy bien los serios problemas económicos del país, y que el presidente tenía todo esto en su mente, le mostramos con cuidado que la legalización de los indocumentados produciría más empleos, aumentaría los salarios de todos, y por lo tanto, estimularía la economía. De hecho es mejor legalizar a los 12 millones para que ellos puedan ayudar al resto de la nación a escapar de la depresión económica por su trabajo, y no rescatar a los banqueros que simplemente meten el dinero en sus bolsillos.
Por lo tanto lo hemos intentado persuadir. Le hemos hablado en repetidas ocasiones, pero no solo no cumplió con su promesa, se puso abusivo. Durante su campaña para la presidencia, hablaba de la dignidad de los 12 millones de trabajadores indocumentados. El verano pasado se levantó y dijo “ningún ilegal va a recibir cuidado de salud”, y de hecho que los ilegales ni siquiera podrán comprar su propio seguro de salud con su propio dinero”. Ya somos “ilegales”. ¿Acaso van a dejarnos comprar pañales?
Yo entiendo, pues a veces Saúl se pone así. Y por lo tanto como sabemos las madres, es preciso explicar bien las consecuencias de no lavar los platos: No vas al partido de fútbol.
Si el presidente y los líderes demócratas en el Congreso no adelantan la legislación sobre una reforma migratoria, entonces no van a recibir el voto latino y no saldrán reelegidos. No Reforma Migratoria, No Reelección.
Hay un calendario, que no es arbitrario. Saúl tiene que lavar los platos esta noche porque los vamos a necesitar para desayunar mañana. El presidente y el Congreso deben empezar a mover el asunto de la reforma migratoria antes del 25 de marzo, antes de su receso de primavera, o no se va a poder aprobar una ley de reforma este año, y probablemente en los 4 años que siguen. Además, cada vez más personas se encuentran deportadas y familias separadas bajo la administración Obama que bajo Bush. Se acaba el tiempo.
A Saúl siempre tengo que explicarle las consecuencias, a veces levantando mi voz. De modo que el 21 de marzo, necesitamos que vaya un millón de personas a Washington a levantar su voz para que el presidente y el Congreso entiendan las consecuencias de una promesa a nuestras familias y comunidades no cumplida. Todas las madres sabemos que esto es necesario. No Justice, No peace President Obama!