La hija de Celina, Sonia, tuvo que seguir probándose en instituciones dominadas por hombres – en la Universidad de Princeton, en la Facultad de Leyes de Yale, en la Fiscalía de Manhattan, en tribunal de Nueva York. Cada paso requirió gran trabajo y una seguridad inquebrantable.

Para la madre y la hija, hubo pocas latinas que pudieron servir como modelos a seguir y guiarlas. Hoy, gracias a sus luchas y su arduo trabajo, podemos decirle a nuestras hijas: estudien y podrán llegar tan alto y tan lejos como la juez Sonia Sotomayor.