Ayer, después que el presidente Obama la nominara para convertirse en la primera hispana en servir en la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor tomó el escenario. Ella habló conmovedoramente sobre cómo el trabajo arduo y el sacrificio de su familia hicieron posible sus logros. Su madre, dijo, fue su mayor inspiración.
Los latinos conocemos esta historia. Los detalles pueden variar, pero los temas son los mismos.
Celina Sotomayor, la madre de Sonia, recuerda en una entrevista en El Diario de hoy, que durante la Segunda Guerra Mundial la familia se mudó a Nueva York desde Puerto Rico. Su marido, un trabajador en una fábrica, murió cuando Sonia tenía 9 años. Celina se vio entonces criando a dos niños en un proyecto de vivienda pública en el Sur de El Bronx, a tiempo que trabajaba y estudiaba para ser enfermera.
La historia de Sotomayor es una del coraje y el sacrificio de una generación de pioneros - una que luchó a diario enfrentando los retos en una nueva tierra, por el bien de un futuro mejor para sus hijos. Es la historia de la generación que dejó la patria con la fe ciega que sus hijos tendrían una mejor oportunidad aquí en EE.UU. Es una historia del triunfo de una familia sobre las más duras adversidades y un destino de privaciones. Es una muestra más de la importancia de la educación para abrir las puertas y hacer los sueños una realidad.
La historia de Sotomayor es muy familiar para las mujeres hispanas.
Tras la muerte de su marido, Celina Sotomayor veló por sus dos hijos. Les dio techo y proveyó el pan de cada día. Los guió en medio de las vicisitudes y tentaciones de la adolescencia en EE.UU. Como tantas mujeres latinas, es la roca de la familia.
La hija de Celina, Sonia, tuvo que seguir probándose en instituciones dominadas por hombres – en la Universidad de Princeton, en la Facultad de Leyes de Yale, en la Fiscalía de Manhattan, en tribunal de Nueva York. Cada paso requirió gran trabajo y una seguridad inquebrantable.
Para la madre y la hija, hubo pocas latinas que pudieron servir como modelos a seguir y guiarlas. Hoy, gracias a sus luchas y su arduo trabajo, podemos decirle a nuestras hijas: estudien y podrán llegar tan alto y tan lejos como la juez Sonia Sotomayor.
La hija de Celina, Sonia, tuvo que seguir probándose en instituciones dominadas por hombres – en la Universidad de Princeton, en la Facultad de Leyes de Yale, en la Fiscalía de Manhattan, en tribunal de Nueva York. Cada paso requirió gran trabajo y una seguridad inquebrantable.
Para la madre y la hija, hubo pocas latinas que pudieron servir como modelos a seguir y guiarlas. Hoy, gracias a sus luchas y su arduo trabajo, podemos decirle a nuestras hijas: estudien y podrán llegar tan alto y tan lejos como la juez Sonia Sotomayor.