Mi'ja, supérate y aprovecha todas las oportunidades que yo no tuve en la vida, eran las palabras de mi madre cuando me criaba.
Mi madre, una señora muy trabajadora, se dedicó a cuidar de mi padre y hermanos desde muy joven. Recuerdo verla levantarse tempranito para hacer las tareas domésticas, preparar a sus hijos para la escuela y después salir a trabajar fuera de la casa. Llegaba cansada del trabajo para seguir trabajando en la casa hasta la hora de dormir. Los fines de semana, hacía trabajo voluntario en la comunidad y en la iglesia. En mi opinión una super mujer.
Cuando crecí, seguí los consejos de mi madre: estudié fuerte hasta conseguir un grado de maestría de una universidad prestigiosa, me casé con un hombre maravilloso (así como mi papá) y me convertí en madre. Como pueden ver, lo tengo todo-- una familia maravillosa y una carrera profesional como ejecutiva de un consorcio muy importante en la ciudad de Nueva York.
Lo que mi madre no me enseñó fue qué hacer después que lo lograra todo. Cómo ser esposa, madre y profesional simultáneamente, sin perderme a mi misma. Cómo cumplir con todas las expectativas que tiene esta sociedad de mi y tengo de mi misma. Cómo trabajar 10 a 12 horas diarias para escalar los niveles corporativos, ser una madre ejemplar, llevar a mi hijo a todas las actividades y ser la compañera que mi esposo necesita.
Cuando le cuento un poco de mi vida, mi mamá me dice “Mi'ja que ocupada estás -- se ve que los tiempos han cambiado”. Mi madre me apoya con su amor y diciéndome lo orgullosa que esta de mi. Ella admite que las mujeres modernas tienen diferentes presiones de las que ella tenía.
Por ahora, tengo un hijo varón y cuando crezca le enseñaré, con ejemplo, lo inteligentes, capaces y fuertes que son las mujeres. Le enseñaré a respetar, ayudar y apreciar el trabajo de la persona que elija para ser la madre de sus hijos.
Pero si algún día tengo una hija, le enseñaré lo poderosa que somos las mu jeres, que tenemos la capacidad de lograr todo lo que nos proponemos. Además, le diría que somos mujeres primero y depués todo lo demás. Lo más importante en la vida es ser feliz, no importa si decidimos ser madre, o esposa, o profesional o todas las anteriores.
Mi'ja, supérate y aprovecha todas las oportunidades que yo no tuve en la vida, eran las palabras de mi madre cuando me criaba.
Mi madre, una señora muy trabajadora, se dedicó a cuidar de mi padre y hermanos desde muy joven. Recuerdo verla levantarse tempranito para hacer las tareas domésticas, preparar a sus hijos para la escuela y después salir a trabajar fuera de la casa. Llegaba cansada del trabajo para seguir trabajando en la casa hasta la hora de dormir. Los fines de semana, hacía trabajo voluntario en la comunidad y en la iglesia. En mi opinión una super mujer.
Cuando crecí, seguí los consejos de mi madre: estudié fuerte hasta conseguir un grado de maestría de una universidad prestigiosa, me casé con un hombre maravilloso (así como mi papá) y me convertí en madre. Como pueden ver, lo tengo todo-- una familia maravillosa y una carrera profesional como ejecutiva de un consorcio muy importante en la ciudad de Nueva York.
Lo que mi madre no me enseñó fue qué hacer después que lo lograra todo. Cómo ser esposa, madre y profesional simultáneamente, sin perderme a mi misma. Cómo cumplir con todas las expectativas que tiene esta sociedad de mi y tengo de mi misma. Cómo trabajar 10 a 12 horas diarias para escalar los niveles corporativos, ser una madre ejemplar, llevar a mi hijo a todas las actividades y ser la compañera que mi esposo necesita.