La justicia en los Estados Unidos debe ser ciega. No puede importarle la raza, u origen étnico, de los acusados, su sexo, credo, edad, o país en que nació. Aquel que sea juzgado y condenado debe cumplir su sentencia. Esos son los principios básicos en que se basa la sociedad jurídica de este país.
Eso no ocurre, sin embargo, en el caso de los cubanos que han llegado en los últimos cinco años de Cuba y algunos de los cuales, de acuerdo a una investigación del Orlando Sentinel y del South Florida South-Sentinel "dominan las estadísticas de las personas arrestadas y juzgadas por cultivar plantas de marihuana adentro de casas vacías, en lo que se ha convertido en un crimen impune".
Esa simple oración lo dice todo. El sur de la Florida es la base que utilizan los recién llegados para alquilar o comprar casas vacías en las cuales ellos pueden cultivar una nueva y mucho más potente tipo de marihuana que tiene un valor en la calle que se aproxima a los $4,500 por libra.
Así y todo, con toda la información disponible, estos hombres y mujeres que han llegado al sur de la Florida proveniente de Cuba en los últimos cinco años cuentan con un sistema judicial que los favorece abiertamente. Como el gobierno cubano no acepta su regreso a la isla, estos criminales no pueden ser deportados, como ocurre en el caso de cualquier otro inmigrante proveniente de cualquier otro país.
Aquellos a los cuales la policía detiene son recién llegados, pero los capos de estas operaciones están muy bien versados en las leyes estatales y federales. Si los detenidos cultivan menos de 100 plantas de marihuana, su caso no pasa a los tribunales federales, donde las penalidades por este crimen son mucho más severas. En vez, son juzgados en tribunales estatales que de acuerdo a las leyes de la Florida la penalidad a aquellos arrestados por primera vez es ponerlos en probatoria. O sea, no van a la cárcel.





