Las elecciones del martes han dado como resultado dos victorias notables para los republicanos y dos para los demócratas. Los republicanos ganaron la gobernación de Virginia por un margen impresionante y desbancaron al ocupante de la gobernación de Nueva Jersey, una victoria sobresaliente. Los demócratas consiguieron aumentar su margen de superioridad en la Cámara de Representantes con las victorias en distritos en California y Nueva York.
Estas elecciones las pintaban como un referéndum de la gestión del presidente Obama.
Las victorias republicanas en Virginia y Nueva Jersey, así como la victoria del alcalde Michael Bloomberg, han envalentonado a funcionarios partidistas y a ciertos comentaristas a decir que los resultados indican el repudio de las iniciativas del presidente.
Pero estas elecciones no han sido un referéndum puesto que elecciones en dos estados de los cincuenta que conforman la unión americana y dos distritos de 435 que componen la cámara baja del Congreso no capturan el sentir del electorado nacional. Los electores mismos han indicado que Obama no fue el objetivo de su voto (60% en Nueva Jersey, 57% en Virginia), sino las circunstancias locales las que han determinado los resultados.
En ambos estados la amplia mayoría de los votantes indicó que favorecía la gestión del presidente.
Los resultados no han sido un referéndum, pero sí apuntan a lecciones que ambos partidos deben de aprender. La lección de Nueva Jersey y la ciudad de Nueva York es que si un candidato se proyecta como una persona con destrezas y experiencia para resolver los problemas económicos de su jurisdicción, como lo ha sido el desequilibrio estructural presupuestario en Nueva Jersey, y no lo logra, ese candidato va a perder la reelección. Corzine perdió mientras que Bloomberg ganó.







