El deseo de dar a luz, de gozar del compañerismo de él, y de criarlo en el camino del Señor, creció en mi persona desde temprano. Es un lazo que comparto con todas las madres, pero sobretodo con las de mi cultura latinoamericana. Por cierto cuando nació Saulito, vi un cambio completo en mi vida, a la cual proporcionó una meta y sentido mas allá de lo que pudiera haber imaginado.

Como comienza la temporada sagrada del adviento, celebrando la Virgen de Guadalupe y llevándonos a la celebración del natalicio de Jesucristo a María, cabe reflexionar sobre la “fuerza tan poderosa como maravillosa”.

Las versiones en la biblia sobre el nacimiento de los hijos de Abraham y Sara, de Hanna y finalmente de Isabel y Zacarías, y de María, todos nos cuentan de nacimientos “imposibles”.

Sara, Hanna e Isabel eran todas muy mayores para dar a luz, pero el Señor les bendijo con hijos. María era virgen pero dio a luz al hijo más maravilloso de todos.

Estas historias simplemente nos revelan el milagro de dar vida y la obligación que tenemos con Dios por este maravilloso milagro. De hecho la historia del pueblo de Dios es una de lucha para transmitir sus tradiciones de una generación a la próxima, superando en el proceso la opresión y los apetitos peligrosos que todos tenemos.

Como nos acercamos al día sagrado, debemos reflexionar sobre esta fuerza poderosa y maravillosa que Dios ha implantado en nuestros corazones. Ha producido generaciones de familias. Ha producido gente con tradiciones y fe y la valentía de luchar para ambas, para nuestros hijos y para nuestro pueblo.