Estaba yo trabajando en un artículo crítico de Lou Dobbs, el ahora ex presentador de CNN, cuando me sorprendió la grata noticia de su dimisión. Confieso que me embargó la alegría. No sólo por la merecida caída de este funesto personaje, sino por el éxito del esfuerzo popular en su contra. Porque esto demuestra las posibilidades de los movimientos coherentes de justa protesta del público, contra las faltas flagrantes de ética periodística, y otros abusos.

Al tratar de armar mi texto sobre Dobbs, repasé su trayectoria de distorsiones noticiosas, inspiradas en una agenda de odio, y desprecio hacia los inmigrantes, especialmente los indocumentados, y los latinos; implícitamente violatorias del derecho de toda la sociedad a ser veraz y honestamente informada.

Dobbs afirmó por ejemplo en 2007 que durante los tres años anteriores se habían registrado 7,000 nuevos casos de lepra en Estados Unidos, atribuibles a los inmigrantes indocumentados. Esa horripilante falsedad fue ampliamente desmentida en varios foros informativos, con base en cifras oficiales sobre la enfermedad de Hansen en Estados Unidos.

En otra ocasión, Dobbs dijo, impávido, que los inmigrantes indocumentados eran la tercera parte de la población carcelaria del país. Según cifras del Departamento de Justicia, citadas por fuentes conocedoras del tema, la proporción de presos no ciudadanos estadounidenses, incluidos los indocumentados, apenas llega al 6 del total de detenidos.

Dobbs propagó la absurda especie de un supuesto plan mexicano de reconquista del sudoeste de Estados Unidos, a cargo, por supuesto, de los inmigrantes mexicanos. No contento con esa monstruosidad, denunció otro imaginario complot de unificación de Estados Unidos, México, y Canadá.

En julio de este año Dobbs acogió en su programa a los “birthers”, la secta obsesiva que contra toda evidencia, con el obvio fin de deslegitimar su presidencia, insiste en que Barack Obama nació fuera de Estados Unidos.