Cuando escucho al spanglish me dan como que goosebumps, pero all over. Ayer mismo escuché a una muchacha quejándose del egoísmo de su pretendiente. “He thinks he’s all that, cómo si fuera la última Coca Cola del desierto”, le comentó a una amiga quien viajaba con ella en el subway. Quise aplaudir y felicitarla por haberse expresado de una manera tan clever and original. Al menos se merecía un high five, tú sabes.
Pero anyway, no pude. Estuve demasiado busy anotando lo que ella había dicho, en el la libretita que siempre llevo conmigo. Así es. Me entretengo coleccionando muestras de mi querido spanglish, y enseguidita apuntando mis observaciones sobre cómo funciona.
Fíjense que existe una lógica interna en la forma que la muchacha compuso su estupenda oración, reflejo de una mentalidad bilingüe (y algo esquizofrénica) posibilitando el flujo sin interrupción del pensamiento. She starts in English, empleando el switcheo al español to elaborate with the precision of colloquial flavor. La técnica clave utilizada en este caso, ejemplifica el concepto del Spanglish Rule #33, que indica poeticamente: wherever there’s junction, Spanglish will function.
Se hace evidente que los cambios between languages ocurren with surprising frequency justo cuando one phrase or fragment or clause, o cualquier unit of speech, o un hilo de pensamiento, links or transitions to the next. Y no sólo eso, sino que los spanglishistas nativos, intuitively reconcile the grammars del inglés y el español for perfect fit en lo que brincan back and forth.
¿Cómo es que el brain y la lengua can synchronize de tal manera. Falta mucho research sobre la cuestión. Pero cabe mencionar que por más que se conozca como un fenómeno trendy, el spanglish ha sido parte de la historia formativa de los Estados Unidos. De hecho, el fundador de Chicago le puso el nombre a esa ciudad en honor a su esposa, quien no se largarba, por más que el pobre señor le rogaba: “Chica, go.”
Y hoy en día presenciamos los frutos del spanglish por todos lados. Un bumper sticker declara, “My other car es una porquería también”. Una fortune cookie aconseja, “Fake it hasta que you make it”. Hace poco alguien me regaló una biblia, traducida piadosamente al spanglish. “And on the seventh day, el todopoderoso decided to cójelo con take it easy”.
Sin embargo durante esta temporada electoral, se habla de las ventajas del bilingüismo como si fueran pecados mortales. El senador Barack Obama se atrevió a sugerir que quizás debemos también aprender el español en este país, en vez de imponer la ley de English only, y el pueblo anti-Dora the Explorer— incluyendo a Lou “El Gordo” Dobbs, locutor de CNN— sufrió un infarto colectivo. Mientras tanto, los Spanish purists, considerándose guardianes de la ortodoxia, no pierden la mínima oportunidad de denunciar al spanglish como si fuera un especie de Tourette’s syndrome cultural, peligrosamente contagioso y amenazando al castellano with extinction.
Puesto que todo idioma resulta de un proceso evolucionario natural, la mezcla del inglés y el español en este país no se puede detener. Entonces me parece un no brainer. Adoptemos la política de spanglish sin barreras. Why? Porque because.
es el autor de Pardon My Spanglish ¡Porque Because!”.






