Para aquellos de nosotros que vivimos la Revolución Cubana hay dos Che: el que conocimos, y el falso ídolo venerado por millones en la tierra.

El verdadero Che era un hipócrita que vivió muy cómodamente en una mansión mientras predicaba la revolución encarcelaba, torturaba y asesinaba a miles de mis compatriotas. Algunas de sus víctimas fueron mis familiares. Este Che desestimó los derechos humanos como "detalles arcaicos de la burguesía". También mandó a decenas de miles de cubanos a campos de concentración. Para rematar, empobreció a todos, y se estableció a sí mismo como Señor de todos.

Che, el ídolo, es un hombre totalmente diferente: un noble que luchó por la justicia, un idealista sensible, incluso un mártir, un santo. Irónicamente, el ídolo Che genera gran cantidad de dinero para los capitalistas que imprimen su imagen en todo tipo de mercadería o que hacer películas sobre su vida.

¿Cómo se convirtió el Che asesino en el Santo Che?

Dado que las mentiras son a menudo más atractivas que la verdad, nosotros los seres humanos tenemos una innata necesidad de héroes, profetas y salvadores.

Dado que los verdaderos escacéan, nos apegamos con entusiasmo a los que nos inventan.

Che tiene cuatro tipos de admiradores diferentes: los comunistas, antiamericanos, los pobres y los ricos. Los antiamericanos y los comunistas lo aman porque el Che es uno de los suyos. Los pobres necesitan desesperadamente creer en algún tipo de redención de su miseria, incluso en una figura mesiánica. Pero, ¿por qué los ricos necesitan a un Santo Che? La respuesta es tan simple como terrible: a causa de la intolerancia.