Cuando el Presidente Bush llegó a la Casa Blanca en el 2001, anunció a la nación que su política para enfrentar a la pobreza iba a ser una de “compasión conservadora”. Su idea principal era la de crear iniciativas basadas en alianzas con las Comunidades de Fe, que creara “ejércitos de compasión” pare emprender la batalla contra la pobreza.

Aunque a primera vista esta idea puede resonar con un gran numero de personas, la ideología en la que se basa tiene profundas limitaciones. Para empezar, la pobreza no es un problema que pueda ser solucionado solamente con compasión, aunque la compasión es algo importante en cualquier transacción entre seres humanos. La pobreza en este país y en muchos otros, es un problema económico que tiene sus raíces en desigualdades estructurales inherentes en el sistema actual de producción y distribución de las riquezas.

Para poder solucionar el problema de la pobreza, tenemos que empezar por comprender las razones que la causan y la perpetúan. No es suficiente sentir compasión por los pobres, tenemos que asumir un compromiso a nivel social que cree el ímpetu para establecer las condiciones necesarias que lleven al cambio que buscamos.

La premisa en la que muchos de los conservadores se basan, incluyendo a Bush, es que la pobreza es algo que el pobre puede remediar a nivel personal. Piensan que es suficiente con tomar la determinación de dejar de ser pobre, trabajar mucho, y portarse bien, para que las cosas cambien y eventualmente se pueda llegar a lograr el sueno Americano. Lo que no consideran es que no todos nacimos con el mismo acceso a la educación y a los servicios de salud, no todos tuvimos padres que nos guiaran y nos dieran el apoyo emocional y económico para salir adelante en la vida.