Cuando el Presidente Bush llegó a la Casa Blanca en el 2001, anunció a la nación que su política para enfrentar a la pobreza iba a ser una de “compasión conservadora”. Su idea principal era la de crear iniciativas basadas en alianzas con las Comunidades de Fe, que creara “ejércitos de compasión” pare emprender la batalla contra la pobreza.
Aunque a primera vista esta idea puede resonar con un gran numero de personas, la ideología en la que se basa tiene profundas limitaciones. Para empezar, la pobreza no es un problema que pueda ser solucionado solamente con compasión, aunque la compasión es algo importante en cualquier transacción entre seres humanos. La pobreza en este país y en muchos otros, es un problema económico que tiene sus raíces en desigualdades estructurales inherentes en el sistema actual de producción y distribución de las riquezas.
Para poder solucionar el problema de la pobreza, tenemos que empezar por comprender las razones que la causan y la perpetúan. No es suficiente sentir compasión por los pobres, tenemos que asumir un compromiso a nivel social que cree el ímpetu para establecer las condiciones necesarias que lleven al cambio que buscamos.
La premisa en la que muchos de los conservadores se basan, incluyendo a Bush, es que la pobreza es algo que el pobre puede remediar a nivel personal. Piensan que es suficiente con tomar la determinación de dejar de ser pobre, trabajar mucho, y portarse bien, para que las cosas cambien y eventualmente se pueda llegar a lograr el sueno Americano. Lo que no consideran es que no todos nacimos con el mismo acceso a la educación y a los servicios de salud, no todos tuvimos padres que nos guiaran y nos dieran el apoyo emocional y económico para salir adelante en la vida.
Tampoco consideran que actualmente un alto porcentaje de las familias que trabajan continúan en la pobreza, no porque no hagan suficiente esfuerzo, sino porque el tipo de trabajo al que tienen acceso les paga un salario y unas prestaciones que no son suficientes para poder salir de la pobreza. Para poder salir de la pobreza necesitan ganar un salario que les permita no solo subsistir y tener lo más necesario, sino un salario que les permita ahorrar y crear capital económico y humano que puedan utilizar construir un futuro mejor.
Cuando el huracán Katrina devastó la ciudad de New Orleáns, Bush tuvo que enfrentar la realidad de la desigualdad y la pobreza extrema que existe en muchas regiones y ciudades de este país. Era imposible negar la existencia de las condiciones de pobreza extrema que pudimos ver todos en la televisión. De nuevo prometió que iba a hacer todo lo posible para remediar este problema no solo en New Orleáns, sino en otras regiones donde existían situaciones similares, según él, surgidas como consecuencias de la discriminación racial. Pero, de nuevo, todo se quedó en promesas.
La realidad es que durante la presidencia de Bush, la pobreza en los Estados Unidos ha aumentado. Más de 37 millones de personas viven en la pobreza, y esto representa más del 13% de la población. La proporción de niños que viven en la pobreza es de 23%, la más alta entre todos los países industrializados.
Es difícil de entender como en un país como este, sin duda uno de los mas generosos del mundo si se considera la cantidad de dinero que anualmente se dona a causas filantrópicas, no existe una política a nivel nacional que garantice las necesidades básicas de sus ciudadanos mas vulnerables, cosa que existe en todos los otros países industrializados. Es incomprensible que no haya seguro de salud universal, cuidado infantil gratis para padres que trabajan, vivienda accesible, y un nivel mínimo de salarios que permita a todo aquel que trabaja vivir de una manera digna.
La filosofía de culpar a la víctima es algo que rechazamos enfáticamente en la década de los 70, porque comprendíamos que nadie “decide” ser pobre, al igual que nadie elige en que familia o a que clase socio/económica va a nacer.
Ahora tenemos una oportunidad que no podemos ignorar para cambiar el enfoque y la forma en que analizamos las causas de la pobreza, y para subrayar la necesidad, tanto moral como económica, de erradicarla de una vez por todas, convirtiéndola en una prioridad nacional con una agenda de acción para la próxima Administración.
Lilliam Barrios-Paoli es la presidente de la organización Safe Space en Nueva York y sirvió como miembro de la Comisión de Oportunidad Económica del Alcalde Bloomberg.