Durante diez meses, el fiscal ha presentado el testimonio de víctimas y perpetradores demostrando las degradantes consecuencias del terror de estado.

La defensa de Fujimori alega que la sala no puede declararlo culpable sin la pistola humeante de órdenes escritas que lo impliquen directamente con los crímenes. El ministerio público aduce que Fujimori orquestó una estrategia clandestina basada en lenguaje engañoso, órdenes verbales y documentos ambiguos que facilitaban ocultamiento a los jefes e impunidad a los subordinados.

El progreso del derecho internacional desde Nuremberg está del lado de la acusación. Tribunales nacionales e internacionales ya han establecido que los superiores pueden tener responsabilidad penal por las atrocidades cometidas por sus subordinados.

El juicio a Fujimori es un importante ejemplo para Latinoamérica y el resto del mundo. La justicia peruana está demostrando su capacidad de reconstruir la institucionalidad y la ética pública.

Es probable que la sala pronuncie sentencia poco antes de la asunción del nuevo presidente estadounidense. Quien sea el presidente electo, debería hacer una pausa para contemplar el ejemplo de una democracia que enfrenta los abusos de su pasado reciente.