Nueva York
— En Nueva York, el 8 de junio es el día en que la 5ta. Avenida y muchos otros barrios de la ciudad se convierten en el centro del universo boricua, y eso pasa porque los puertorriqueños realizan su Desfile Nacional.Música, bailes, máscaras, coloridas carrozas y cientos de miles de espectadores generan un ambiente inolvidable para todos los que viven esta gran fiesta.
Pero, ¿cómo se preparan los puertorriqueños neoyorquinos para celebrar ese día?
Un recorrido por la cuna del desfile, por las calles donde se vio nacer esta fiesta multitudinaria, forjada por los pioneros puertorriqueños, que poco a poco se hicieron un espacio en la sociedad norteamericana de los años 50.
Ese lugar es El Barrio, en el sector Este de Harlem, o el Harlem Español, el vecindario donde se originó esta historia con lucha y esfuerzos y en donde el día de hoy sus habitantes boricuas afinan hasta los más mínimos detalles para este gran día.
Un ejemplo es la señora Carmen que trabaja cocinando rica comida puertorriqueña en la Avenida Madison y la calle 116.
Mientras platica y nos cuenta su historia, los clientes no paran de ordenar platillos. Carmen dice que la cocina es fundamental en este evento y que el oficio lo aprendió mirando a su madre y a su abuela en Puerto Rico, ya que las dos trabajaban cocinando.
En medio de ollas, un mantel blanco y una pequeña mesa, Carmen cocina diariamente platos tradicionales. “Para el desfile tendremos arroz con gandules, pasteles, alcapurrias y mollejitas en escabeche”, indica mientras le dice a un cliente que tiene que esperar un momento por sus pastelillos.
Cuenta que ese día como todos los años tendrá mucho trabajo y que se siente particularmente muy feliz, “es nuestra parada y tenemos que sentirnos orgullosos”.
En El Barrio también se encuentra el Salón de Belleza Mikayla. Entre tijeras, conversaciones con sus clientas, productos para el pelo y el fuerte ruido de los secadores, la joven peluquera y propietaria del local Ilka, de madre dominicana y padre puertorriqueño, cuenta que los días antes del desfile su trabajo aumenta de forma considerable, ya que mujeres, hombres y niños llegan al local para cambiar su aspecto. Señala que a “las boricuas les gustan los rizos, los twist y los moños”.
Mary, su compañera de trabajo, indica que siempre están listas para los pedidos de sus clientes y que también celebran “comiendo, gozando con todos los tigres”, indica entre risas.
Una de las clientas habituales de la peluquería, Milagros Figueroa —quien también es de la Isla del Encanto— comenta mientras sale de un secador de pelo, “ la parada es una posibilidad de mostrar la cultura puertorriqueña”.
Otros que no paran de trabajar en estas fechas son el matrimonio compuesto por Angel Roldán y su esposa Wanda Serrano.
Desde hace 14 años venden —en la calle 116 y Lexington— los más variados productos relacionados con Puerto Rico.
Camisetas, llaveros, banderas y anteojos son solamente parte de su variada mercancía.
Llegan todos los días a trabajar en su camioneta cargados de productos que traen directamente de Puerto Rico. “Tenemos un poquito de todo, por ejemplo una camiseta con nuestros maestros músicos que se nos han ido, incluyendo a Celia, a Tito y los otros monstruos que le gustan a la gente de Puerto Rico”.
Pero su esposa Wanda afirma que “lo mejor para el día del desfile es una camisa de manga corta por el calor y de color azul con la leyenda Boricua que es cómo nos conocen a nosotros”.
Pero no todos los puertorriqueños vestirán la camiseta Boricua que recomienda Wanda.
Martina Minguez o “Celia” como le dicen, se vestirá de blanco como todos los días para el desfile porque es santera. Sus manos están llenas de anillos y su cuello de collares, cada uno con distintos significados.
“Soy la hija del Rey del Mar” señala. Como siempre estará en la 5ta. Avenida, “será una parada bella, estaré mirando a todos mis compañeros”, relata.
Finalmente, Andrés Román, un boricua que está jubilado, cuenta que se encuentra sagradamente con sus amigos a conversar en la esquina de la calle 116 y la 3ra. Avenida.
En conjunto con el juego de dominó, la conversación callejera es una tradición que llena de vida los distintos rincones de El Barrio. “Trae viejos recuerdos tristes y alegres a la misma vez, porque recordamos nuestros tiempos pasados”, afirma.
Sobre el desfile dice, “como siempre lo preparamos con todo lo autóctono de nuestra isla, ricos platos, música y todo lo original de mi pueblo”.
El recorrido termina volviendo al pequeño negocio de la señora Carmen, hacemos la fila para comernos unos ricos pasteles recién cocinados, esperando este domingo 8 de junio, donde una vez más los boricuas saldrán a llenar Nueva York de alegría y colores, en la fiesta que comenzó en estas calles de El Barrio y que ya es universal. ¡Pa’ que tú lo sepas!
gerardo.romo@eldiariony.com









