PLAINFIELD, NUEVA JERSEY — De día es una tranquila y apacible ciudad, pero de noche y especialmente los fines de semana, en algunos sectores se torna peligrosa, sobretodo para los jornaleros que se atreven a caminar las desoladas calles a sabiendas que pueden ser golpeados.
La noche del 15 de noviembre Raúl Méndez, guatemalteco de 31 años, caminaba por la avenida Watchung cerca de la calle Franklin Place, cuando fue perseguido por dos afroamericanos.
Méndez explica que al tratar de huir “se me atravesó un auto de donde se bajaron otros dos, un hombre y una mujer que me patearon en la cara”, pero agrega en tono resignado: “No fui al hospital ni lo denuncié a la policía, porque no tengo papeles”.
Méndez, al igual que otros 100 jornaleros, se para todas las mañanas en busca de trabajo en la intersección de las calles West Front y New. Todos saben sobre las golpizas a las que se exponen en ciertas áreas, especialmente si caminan solos por la noche, pero muy pocos admiten que fueron golpeados.
EL DIARIO-LA PRENSA inició una investigación que duró cuatro semanas e incluyó entrevistas a mas de 50 jornaleros, que determinó que los ataques a los jornaleros son continuos. Muchos de ellos aún tenían con las marcas de los golpes en sus rostros como prueba irrefutable. A pesar de esto, afirmaron tener miedo de acudir a la policía por no poseer documentos legales en el país ni hablar inglés.
Los entrevistados dijeron que los atacantes no son sólo afroamericanos. Las víctimas en dos de los 13 casos dijeron haber sido atacados por latinos. Uno aseguró que quienes lo golpearon el 9 de noviembre, por la noche, en la avenida Washington y la calle West Front, fueron salvadoreños de la pandilla callejera Mara Salvatrucha.
Para Germán Ramírez, guatemalteco de 37, la cosa no es diferente, recibió una golpiza hace dos meses, mientras caminaba por la calle West Front y la calle Grove.
Ramírez explica que eran como las 5 de la madrugada “cuando de pronto sentí un fuerte golpe como con un bate, me robaron 150 dólares, quedé en el piso. No se quienes fueron, me atendieron en el hospital Muhlenberg”.
Plainfield es una ciudad de unos 50,000 habitantes localizada en el condado Union, ubicada al centro del Estado Jardin, de los cuales un 26 % son hispanos, un 60% afroamericanos y un 20% blancos.
El porcentaje de latinos no es exacto, si se tiene en cuenta que muchos de los jornaleros no figuran en ninguna estadística oficial. Las nacionalidades que predominan entre la comunidad hispana en general son la mexicana, guatemalteca, colombiana, ecuatoriana y salvadoreña.
Al hermano de Luís Tista, Lázaro, de 45 años, lo mataron a golpes a comienzos de noviembre del año pasado, aparentemente en un crimen de odio racial por el que están acusados tres afroamericanos. Su cuerpo fue encontrado en la calle Grove.
Hace un mes, a Luís también lo golpearon en la calle West Front y la avenida Watchung, pero no fue al hospital y tampoco reportó el hecho a la policía.
Otro ataque lo vivió el 26 de mayo Fernando Gutiérrez, quien explica que caminaba por la calle Somerset, para ir a comer, cerca de las 10 p.m. “cuando un grupo de hispanos, que iba en tres carros, se bajaron y me golpearon en la cara y me robaron 700 dólares que tenía para pagar la renta”.
Gutiérrez asegura que estuvo en el hospital Robert Wood Johnson por una semana porque “me fracturaron varias huesos de la cara y me dejaron sin dientes”.
Uno de lo problemas, según la activista comunitaria Carmen Salavarrieta, es que los jornaleros “son presas fáciles de ataques, bien sea para robarles o solo para golpearlos, porque los atacantes saben que no van a ir a la policía porque no tienen papeles”.
“A esto se suma que muchos son atacados al salir en estado de embriaguez de los diferentes locales nocturnos de la ciudad”, agregó Salavarrieta, “ya que casi todos cargan el dinero consigo porque no pueden abrir cuentas bancarias y donde viven, no pueden dejarlo por miedo a que se los roben”.
El director de la policía de Plainfield, Martin Hellewig, no devolvió ninguna llamada a este rotativo para comentar sobre la situación. Sin embargo, William Parenti, jefe de policía de North Plainfield, la ciudad contigua a Plainfield y cuya proximidad hace que muchos de los casos sean reportados allí, dijo que no existen “reportes de ataques recientes por parte de afroamericanos contra hispanos”.
Parenti aclaró que los pocos que se han registrado son de “hispanos contra hispanos”. “Pero si existen incidentes que estén pasando en mi comunidad, me gustaría investigarlos abiertamente”, agregó Parenti, quien exhortó tanto a las víctimas como a los testigos a que los denuncien.
De la sala de emergencia satélite que funciona en las instalaciones del desaparecido hospital Muhlenberg, en Plainfield, y la del hospital Robert Wood Johnson, en New Brunswick, no suministraron datos sobre el número de personas atacadas que eran atendidas regularmente por esas instituciones.
En el hospital Saint Peter, de New Brunswick, como única información suministrada se registra textualmente que entre “el 1 de noviembre al 11 de noviembre no se atendió en la sala de emergencia a ninguna persona atacada”.
Precisamente el 15 de noviembre, un joven de 21 años que prefirió no revelar su identidad, ingresó al hospital Saint Peter tras haber sido golpeado, estuvo recluido durante tres días. Sostiene no haber visto quien lo atacó.
Una enfermera de un centro médico del área, que habló con este rotativo bajo la condición de anonimato, sostuvo que los ataques “son pan de cada día, aquí vienen muchas personas para tratarse por golpes que han recibido, especialmente en la cabeza”.
Otra trabajadora social indicó que escucha sobre “las golpizas diariamente, pero es poco lo que se puede hacer si no lo denuncian a las autoridades”.
Durante una reunión convocada por el Centro ispanoamericano de Plainfield, los asistentes coincidieron en señalar que la policía “no les da confianza”.
“No hay quien hable español”, dijo uno de los jornaleros que asistió, asegurando que sintió que el uniformado que lo atendió se burlaba de su acento para hablar inglés cuando fue a indagar tras la desaparición de uno de sus compañeros.
Maria.loboguerrero@eldiariony.com
PLAINFIELD, NUEVA JERSEY — De día es una tranquila y apacible ciudad, pero de noche y especialmente los fines de semana, en algunos sectores se torna peligrosa, sobretodo para los jornaleros que se atreven a caminar las desoladas calles a sabiendas que pueden ser golpeados.
La noche del 15 de noviembre Raúl Méndez, guatemalteco de 31 años, caminaba por la avenida Watchung cerca de la calle Franklin Place, cuando fue perseguido por dos afroamericanos.
Méndez explica que al tratar de huir “se me atravesó un auto de donde se bajaron otros dos, un hombre y una mujer que me patearon en la cara”, pero agrega en tono resignado: “No fui al hospital ni lo denuncié a la policía, porque no tengo papeles”.
Méndez, al igual que otros 100 jornaleros, se para todas las mañanas en busca de trabajo en la intersección de las calles West Front y New. Todos saben sobre las golpizas a las que se exponen en ciertas áreas, especialmente si caminan solos por la noche, pero muy pocos admiten que fueron golpeados.
EL DIARIO-LA PRENSA inició una investigación que duró cuatro semanas e incluyó entrevistas a mas de 50 jornaleros, que determinó que los ataques a los jornaleros son continuos. Muchos de ellos aún tenían con las marcas de los golpes en sus rostros como prueba irrefutable. A pesar de esto, afirmaron tener miedo de acudir a la policía por no poseer documentos legales en el país ni hablar inglés.
Los entrevistados dijeron que los atacantes no son sólo afroamericanos. Las víctimas en dos de los 13 casos dijeron haber sido atacados por latinos. Uno aseguró que quienes lo golpearon el 9 de noviembre, por la noche, en la avenida Washington y la calle West Front, fueron salvadoreños de la pandilla callejera Mara Salvatrucha.