Nueva Orleans, Luisiana — Las autoridades de Inmigración en Luisiana han estado monitoreando el estatus migratorio de los trabajadores de limpieza empleados por la petrolera BP y sus contratistas y están dispuestos a detener a aquellos trabajadores indocumentados.
La Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) confirmó haber visitado las grandes estaciones de trabajo donde se realizan las tareas de limpieza, para comprobar que los empleos ofrecidos allí son realizados por personas con autorización para trabajar.
“Las visitas fueron para asegurarnos de que los trabajadores legales puedan competir por esos puestos”, dijo Temple Black, un vocero de ICE en Luisiana.
ICE explicó que está colaborando con la patrulla fronteriza para monitorear la posible llegada de trabajadores indocumentados a la costa tras el derrame de petróleo, que comenzó el 20 de abril cuando estalló un tubo de la petrolera BP enterrado en el Golfo de México.
Un fenómeno similar se dio tras el Huracán Katrina, en el 2005, cuando miles de hispanos indocumentados llegaron a la región para asistir en la reconstrucción de Nueva Orleans y los pueblos de la costa.
ICE visitó dos estaciones de trabajo de Luisiana —una en Venice Beach y otra en Hopedale— en dos ocasiones el mes pasado. Los agentes de ICE llegaron sin advertir previamente a los centros de comando. Una vez allí, revisaron los papeles de todos los empleados y recordaron a los subcontratistas su obligación de cumplir con las leyes de inmigración.
“No fueron redadas, fueron investigaciones”, dijo el vocero de ICE. “Realizamos una primera visita y otra visita para comprobar que estaban cumpliendo los reglamentos”, explicó.
Black, el vocero de ICE, agregó que no hubo ningún arresto en aquella ocasión pero que estaban dispuestos a detener a trabajadores indocumentados si los hubieran detectado.
Las estaciones de trabajo, localizadas en los pantanos situados a unas horas de distancia de Nueva Orleans, fueron construidas en las semanas posteriores al accidente de la petrolera BP. Los centros en Hopedale y Venice se hallan entre las estaciones más grandes, con más de 500 trabajadores cada uno.
La petrolera BP no devolvió llamadas a este rotativo sobre las visitas de ICE. Las empresas contratistas Oil Mop y USES tampoco comentaron sobre las visitas de Inmigración.
Martha Mosquera, la propietaria de Tamara's Group, una compañía subcontratada por Oil Mop, que tiene más de 100 trabajadores en el centro de Hopedale, aseguró sobre la visita de los agentes de ICE: “Los reunieron (a los trabajadores) en las carpas y les pidieron sus papeles”.
Una de las trabajadoras de Tamara’s Group, Cruz Stanaland, una mexicana de 61 años, agregó sobre la primera visita de ICE a Hopedale el 6 de mayo: “Eran personas civiles, no venían uniformados… Se venían de civil y con unos vehículos que no traían el logo en Inmigración, unos vehículos particulares, oscuros, de vidrios ahumados”.
Otra trabajadora del mismo grupo, Etanlisa Hernández, una dominicana de 30 años, dijo: “Se portaron muy bien. Vinieron cinco o seis hombres. Íbamos tirando piropos y cuando dijeron que eran de Inmigración ¡Quedamos frías! Nos dijeron que no tuviéramos miedo, solo estaban chequeando nuestros papeles para ver si estaban en orden”.
Aunque la propietaria de Tamara's Group, Mosquera, aclaró que la empresa no tuvo ningún problema, ya que todos los trabajadores tienen sus documentos, algunos líderes pro inmigrantes critican el énfasis del gobierno en hacer cumplir las leyes migratorias en una situación de emergencia.
“La gente está desesperada buscando trabajo y ellos piensan que si alguien se parece a un inmigrante indocumentado les está quitando la comida de la boca”, aseguró Darlene Kattan, directora de la Cámara de Comercio Hispana de Luisiana. “Es una política de acorralemos a todos y dejemos el aceite en las playas… Pienso que en una situación catastrófica como ésta deberíamos ser más razonables”, apuntó.
Clarissa Martínez, del Consejo Nacional de la Raza, se expresó de forma similar: “Si ICE piensa que hay malos empleadores, que no están siguiendo la ley, deben ir directamente tras ellos, en vez de hostigar a los equipos de limpieza que están haciendo una labor crucial”.
Una persona que dirige a los trabajadores en Hopedale, y que no está autorizada para dar su nombre, se quejó de las demoras causadas por estas inspecciones: “Cuando llega inmigración, se gasta muchísimo tiempo. El flujo de trabajo es muy rápido, y esto nos retrasa”.
El vocero de ICE explicó que normalmente no inspeccionan los papeles de trabajadores “porque estamos enfocados en las pandillas transnacionales, los personajes peligrosos, las drogas”.
“Esto fue una circunstancia especial por el derrame de petróleo. Nuestro mensaje es que es importante que los puestos sean destinados para trabajadores legales”, insistió.
St. Bernard Parish, el condado en donde queda la estacion de Hopedale, aseguró que el gobierno local no tuvo nada que ver con las visitas de ICE.
Miles de los inmigrantes indocumentados hispanos que llegaron para asistir en las tareas de reconstrucción tras el Huracán Katrina se han quedado en la región. Unos fundaron colonias en las afueras de Nueva Orleans, mientras que otros se dedicaron a la pesca.
Hispanos entrevistados por este rotativo dicen que han recibido el mensaje de que solo aquellos trabajadores que tienen un estatus legal podrán optar a trabajar, pero añoran poder participar en las tareas de limpieza.
Aquileo, un trabajador de México que trabaja en una gasolinera en Kenner, Luisiana, y que no quiso usar su nombre completo porque es indocumentado, afirmó: “Durante Katrina se trabajó bien y se recuperó y ahorita pues se necesita trabajar en lo de petróleo y en la limpieza. Se necesita trabajar a pesar de que no tenemos papeles, y la limpieza es importante”.
A pesar de las inspecciones de ICE este rotativo pudo comprobar que algunos trabajadores indocumentados han podido obtener trabajos de BP y sus contratistas.
Un pescador de ostiones de El Salvador, que no quiso revelar su identidad ni su lugar de trabajo por temor a ser deportado, está trabajando colocando barreras protectoras contra el petróleo alrededor de las islas.
“Uno siempre anda con miedo de que va a llegar Inmigración”, admitió.
El joven salvadoreño contó que aunque no se siente seguro está dispuesto a continuar trabajando tirando barreras porque los contratistas pagan $360 dólares al día.
“Me vine porque tengo a mis niños y a mi esposa, para darles una mejor vida. Mis tíos me prestaron dinero para venir aquí. Tal vez aquí termino de repagarlos”, relató.
Los trabajadores inmigrantes no saben por cuánto tiempo habrá trabajo para ellos en las costas de Luisiana, pero sí tienen una certeza: “¿Inmigración? Ellos van a venir de nuevo”, dijo Roberto Granados, un trabajador documentado de México que está trabajando en las lanchas para BP.
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