Manuel Zúñiga, quien perdió la movilidad del brazo tras un accidente, tuvo que ser tratado en Manhattan, porque en Bushwick no halló el cuidado que necesitaba. Foto: Víctor Matos Víctor Matos
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Nueva York — Hace cinco meses, Manuel Zúñiga fue a un hospital en Bushwick, Brooklyn, por un dolor incesante en su mano derecha. El ecuatoriano había sufrido una herida grave en esa mano tres años antes –una sierra circular cortó sus tendones y hueso– dejándole un dedo deformado y el brazo casi sin movilidad, e inhabilitándolo para trabajar.

Zúñiga no encontró la ayuda que buscaba en el hospital más cercano a él, el Woodhull Hospital, en Bushwick.

“Estuve cerca de un mes haciendo vueltas allí”, recuerda Zuñiga. “Los doctores no me pudieron decir cuál era el problema y luego me mandaron a un terapista sin saberlo. Al final dijeron: ‘Aquí no te podemos atender. Si usted quiere, váyase a Manhattan’”, dice.

A pesar de que hay dos hospitales en Bushwick, no es inusual que residentes del área como Zúñiga tengan que viajar a otro vecindario para recibir el cuidado médico que necesitan.

El es la imagen de un problema más amplio que enfrenta este barrio del norte de Brooklyn, que tiene un gran población, mucha de ella hispana, pero carece de muchos servicios básicos.

Una de las causas es el bajo nivel de participación de los residentes de este área en el censo del 2000. El gobierno federal distribuye fondos cada año de acuerdo con la población. Si hay una baja participación en el censo, un vecindario puede sufrir recortes en su presupuesto para servicios y beneficios así como en su representación política en el Congreso.

En el 2000, Bushwick fue uno de los barrios hispanos peor contados en toda la ciudad: en el sur del vecindario, menos del 40% de la población envió el formulario del censo de vuelta a las oficinas de esta agencia. Brooklyn fue también el condado en el que menos residentes participaron, convirtiéndolo en uno de los condados más difíciles de contar de todo el país.