Pese a la crisis económica que tanto ha afectado a todos los sectores del mundo, para los “coyotes” o “polleros”, como se conoce a los que lucran con el traslado ilegal de inmigrantes indocumentados, el negocio sigue siendo próspero.
“En septiembre pasado me asusté porque el negocio bajó un 50%” explica Jorge, un salvadoreño que lleva trabajando como coyote más de 10 años. “Pero la verdad es que poco a poco se ha ido levantando, pese a que el precio de la traída subió casi mil dólares”, subraya.
El trabajo de Jorge, concretamente, es el de traer personas desde las ciudades fronterizas de Phoenix y Tucson, Arizona, hasta los estados de Carolina del Sur, Carolina del Norte, Maryland, Nueva York y Nueva Jersey, este último donde vive con su esposa y dos hijos.
“Me hago uno o hasta dos viajes al mes, eso me da para mantener a mi familia”, afirma en tono confiado. “De los cinco mil dólares, que cobra el pollero para traer a cada persona desde Guatemala, a mi me quedan más o menos 800 por cada uno y en cada viaje trato de traer para estos estados como 8 o 10, depende los que logren cruzar”, puntualiza.
Sergio Goques es un guatemalteco que fue traído por Jorge hace dos meses y que ahora reside en Plainfield; él pagó 5 mil dólares y aunque la travesía no fue nada fácil, afirma que por lo menos “aquí la situación está mejor que en mi país, porque con lo que me gano en un día puedo comer toda una semana”.
Goques trabaja como jardinero y por un día de trabajo se gana alrededor de 50 dólares, con esa cantidad explica: “Pago 35 dólares en un restaurante para que me den almuerzo y yo con una sola comida al día tengo. En Guatemala por 10 horas de trabajo me pagaban 3 dólares y eso no alcanzaba para nada”.
Raúl es otro “pollero”, de origen mexicano, que reside en Pensilvania y asegura que el negocio ha subido de precio porque con el aumento de la seguridad en la frontera “los encargados de traer a la gente desde Guatemala, punto de encuentro de las personas que vienen de otros países de Latinoamérica, han tenido que pagar más dinero a sus contactos para que los dejen transitar sin problema”.
Agrega además, que el negocio se ha puesto “más riesgoso así que la paga tiene que valer la pena para arriesgar el pellejo”. Sobre si el negocio pudiera decaer algún día, escuetamente contesta: “Desde que exista el hambre en otros países, Estados Unidos siempre será el paraíso para calmarla”.
Julián Etienne, encargado de prensa del consulado de México en Tucson, Arizona, informa que en su jurisdicción, en lo que va corrido de este año han sido arrestadas y deportadas 29 personas, siete más que las 22 que fueron deportadas en esta misma época el año pasado.
Carmen Salavarrieta, de la organización Ángeles en Acción de Plainfield, explica que si el número de personas deportadas se ha incrementado, es porque la Patrulla Fronteriza ha reforzado la vigilancia.
Salavarrieta, que conoce bien la situación, tanto de inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera como de los coyotes, dice: “El problema es que la gente tiene hambre en sus países y se ven en la necesidad de emigrar para los Estados Unidos. Si los presidentes de donde proceden estas personas implementaran programas para darles trabajo en el campo o en otra industria, ellos no se vendrían, porque realmente no les gusta estar aquí”.
Respecto a los coyotes o polleros, Salavarrieta afirma que estas personas “lo hacen porque existe una necesidad de la gente por cruzar la frontera. Tristemente, la mayoría abusa de estas personas”.
Maria.loboguerrero@eldiariony.com
Pese a la crisis económica que tanto ha afectado a todos los sectores del mundo, para los “coyotes” o “polleros”, como se conoce a los que lucran con el traslado ilegal de inmigrantes indocumentados, el negocio sigue siendo próspero.
“En septiembre pasado me asusté porque el negocio bajó un 50%” explica Jorge, un salvadoreño que lleva trabajando como coyote más de 10 años. “Pero la verdad es que poco a poco se ha ido levantando, pese a que el precio de la traída subió casi mil dólares”, subraya.
El trabajo de Jorge, concretamente, es el de traer personas desde las ciudades fronterizas de Phoenix y Tucson, Arizona, hasta los estados de Carolina del Sur, Carolina del Norte, Maryland, Nueva York y Nueva Jersey, este último donde vive con su esposa y dos hijos.
“Me hago uno o hasta dos viajes al mes, eso me da para mantener a mi familia”, afirma en tono confiado. “De los cinco mil dólares, que cobra el pollero para traer a cada persona desde Guatemala, a mi me quedan más o menos 800 por cada uno y en cada viaje trato de traer para estos estados como 8 o 10, depende los que logren cruzar”, puntualiza.
Sergio Goques es un guatemalteco que fue traído por Jorge hace dos meses y que ahora reside en Plainfield; él pagó 5 mil dólares y aunque la travesía no fue nada fácil, afirma que por lo menos “aquí la situación está mejor que en mi país, porque con lo que me gano en un día puedo comer toda una semana”.
Goques trabaja como jardinero y por un día de trabajo se gana alrededor de 50 dólares, con esa cantidad explica: “Pago 35 dólares en un restaurante para que me den almuerzo y yo con una sola comida al día tengo. En Guatemala por 10 horas de trabajo me pagaban 3 dólares y eso no alcanzaba para nada”.