Filadelfia-Bayonne, Nueva Jersey — La peregrinación de las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego que llegaran el 12 diciembre a la Catedral de San Patricio en Nueva York empezó hace más de dos meses en la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México.
Es una peregrinación que ha cruzado fronteras para unir a cientos de miles de devotos en un recorrido de 5,000 millas en las que hombres, mujeres, niños, jóvenes , ancianos , laicos y sacerdotes han corrido, manejado, cocinado y ofrecido misa en honor a la Virgen de Guadalupe.
Todo comenzó en la madrugada del 5 de octubre cuando seguidores de la Virgen de Guadalupe, tanto en México como en los Estados Unidos, comenzaron a correr llevando el fuego de la esperanza, pasándolo mano a mano, liderando el camino hasta llevar las imágenes al próximo pueblo, a la próxima ciudad, a la próxima iglesia.
En Estados Unidos, la antorcha cruzó la frontera en Brownsville, Texas. Además de pasar por este estado, cruzó por Louisiana, Misisipi, Alabama, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte , Virginia, Washington, Maryland, Delaware, Pensilvania, y ahora esta en Nueva Jersey hasta que llegue a la ciudad de Nueva York el 12 de diciembre. En México, los peregrinos pasaron por ocho estados.
Este es el relato de un día en la vida de estos guadalupanos.
Domingo 6:00 a.m.
El despertador suena en el cuarto en el que se hospedó María Zúñiga, organizadora de la Antorcha desde que ésta cruzó la frontera estadounidense. Un descanso que es poco, pues lleva viajando desde hace 2 meses.
Pero se levanta. Hay que estar en la iglesia de San Pedro, a más tardar a las 6:30 a.m., donde la imágenes de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego descansan junto al altar. Más de 100 corredores que vienen de Filadelfia, Bayonne, NJ, Brooklyn NY y West New York se reunirán para correr por la Virgen y llevar la antorcha.
También está lista, Esperanza Torres, quien le ha dejado el cuarto a Zúñiga. Sus tres hijos se quedan en casa mientras ella corre por la Virgen junto a su madre, Gumercinda Romero, quien también llegará a la iglesia después de salir del trabajo. A Romero, a pesar de que empieza a trabajar a la medianoche y sale a las 6 a.m., el cansancio no le importa.
Aún de noche salimos de la casa rumbo a la iglesia.
6:30 a.m.
Llegamos a la iglesia de San Pedro en la N 5th St. Gumercinda ya está allí. Los corredores que salieron a las 2:00 a.m. desde Brooklyn esperan dentro de sus vanes, en el parqueadero, en un frío entumecedor.
Uno a uno los corredores entran por la puertas y se sientan en las primeras filas, cerca de la imágenes, a esperar a que el equipo que llevara la antorcha por las próximas 90 millas este completo.
La mayoría son jóvenes, pero también hay madres, niños, hombres de todas las edades. Todos se tratan como si se conocieran. Los une un lazo de fe que parece hacer desaparecer todo lo que los puede llegar a separar.
8:00 a.m.
Los corredores están completos. Es hora de empezar la peregrinación.
El reverendo Kevin Miley, párroco de San Pedro, les pide hacer una fila en el corredor principal de la iglesia, los bendice y en procesión salen para prender la antorcha. Entre cuatro corredores alzan las imágenes. Ahí da comienzo la peregrinación.
En sudaderas grises, que dicen “por la dignidad de un pueblo divido por la frontera”, los corredores guardan las imágenes dentro de la camioneta de Tepeyac y recibir algunas instrucciones sobre seguridad.
Los autos que transportan gente se llenan y salen de la ciudad, hasta el punto donde empezarán a correr.
10:00 a.m.-1:00 p.m.
La nieve de la noche anterior aún esta pegada en las aceras.
La caravana de autos se estaciona en un lado de la carretera, algunos corredores se bajan, la antorcha se enciende, y Fabiola Fernández, colombiana de 58 años de edad, es la primera corredora.
Cada uno correrá unos cuantos metros antes de pasar la antorcha al corredor que espera. Es un relevo.
Las vanes y los minibuses están “plantando corredores” a lo largo del camino para lograr que la antorcha nunca pare de moverse mientras que la van de Tepeyac, va justo detrás del corredor, para cuidarlo y mantener la antorcha viva.
“Corredor, ven acá”, grita María desde la ventana.
El corredor disminuye la velocidad se acerca a la ventana y María pone otra estopa en la antorcha. El fuego no puede desaparecer.
¿Por qué corren?
Alex Domínguez, 20 años, corre porque es una tradición familiar. Todos los años corre en Manhattan. Este año lo hizo en Filadelfia.
“Casi todos somos jóvenes. Con todo lo que esta pasando, hay que creer”, dice Domínguez.
Jelica Elica, 21 años, corre por fe, pidiendo que los estudiantes indocumentados tengan la oportunidad de ejercer sus carreras.
Víctor Bermeo, ecuatoriano de 38 años, corre porque la Virgen le ayudó la segunda vez que pasó por México para llegar a este país.
“Ella se apareció en la puerta del cuarto en el que estábamos y evitó que nos encontraran”, cuenta Bermeo.
1:00 p.m.
Hay confusión: hay tres autos perdidos. Ya estamos en el estado de Nueva Jersey, pero los compañeros no aparecen.
Como una gran familia, la gente prefiere esperar. Hay que seguir juntos.
2:30 p.m.- 4:00 p.m.
Todos se encuentran, es hora de comer algo. Ir al baño.
Se siente el afán, hay que llegar a Bayonne, se decide manejar hasta Newark y correr desde ahí. Todos los corredores quieren alzar la antorcha.
4:30 p.m.
En una gasolinera en la entrada de Bayonne, los corredores deciden correr en grandes grupos atravesando la ciudad.
Con la antorcha al frente, se bajan de los carros, y corren. La noche cae y el frío se vuelve insoportable, pero aún así, esperan al lado de la carretera hasta que la antorcha llegue, y corren y corren y corren.
5:00 p.m.
Bajan las imágenes de la Virgen y de Juan Diego de la van y los corredores las alzan y caminan delante de la antorcha hasta llegar a la iglesia Our Lady of Assumption en el 91 23rd Street, Bayonne, Nueva Jersey. Las campanas de la iglesia suenan. Centenares de personas esperan a la virgen adentro.
El sacerdote los espera afuera, prende un par de velas del fuego de la antorcha y las lleva al altar.
Al entrar, las imágenes son recibidas con un calurosos aplauso y al pasar Virgen por el corredor central, las manos se extienden para tocarla.
Los corredores entran con caras llenas de orgullo y complacencia. Han cumplido su misión. La misa empieza.
Centenares de personas de tres estados se juntan para orarle a la Virgen de Guadalupe al ritmo de mariachis. Los niños están vestidos de Juan Diego y la gente ha traído rosas para poner frente a las imágenes.
7:00 pm
Después de la misa, pasamos al salón con mesas redondas donde servirán comida, tocarán mariachis y celebrarán la bendición de tener la imagen de la Virgen de Guadalupe entre ellos.
Carmen.alarcon@eldiariony.com