MÉXICO/La Opinión — Ya no son comos sus padres que crecieron entre las polvaredas y las tamboras; los bueyes y los arados de la sierra o la comarca mexicanas, si no jóvenes que visten ropa de marca, estudian y viajan por todo el mundo, compran autos de lujo y se hacen sus casas entre ricos empresarios, políticos, diplomáticos y artistas.
Pero como hijos de tigre, pintitos. Los refinados hijos de los capos de la droga o “narcojuniors” –de entre 20 y 35 años de edad- llevan ante todo la sangre fría de los suyos: ya sea para sacar adelante la logística de las organizaciones o blanquear los dineros; enfrentar una balacera o mandar a asesinar.
José Ángel Carrasco Coronel, ‘El Changel’, sobrino del líder del Cártel de Sinaloa, Ignacio ‘Nacho’ Coronel Villarreal, fue detenido el pasado 14 de marzo en Tlajomulco, Jalisco (occidente), en medio de un enfrentamiento con soldados y policías.
El Changel recibió al Ejército con una ‘Cuerno de chivo’ (AK 47) bañada en oro y un séquito de seis sicarios que no pasaban de los 30 años, incluido un niño de 16; sin embargo, la Procuraduría General de la República (PGR) no pudo confirmar las acusaciones y fue liberado una semana después.
En 1998, mientras el gobierno buscaba su paradero, Vicente Carrillo Leyva -hijo del fallecido Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”, fundador del cártel de Juárez- estudiaba en una de las más prestigiosas universidades particulares de México y aprendía en Sudamérica cómo adquirir tiendas Versace con los dólares ganados a sangre y fuego.









