Pedro Guzmán nació en Los Ángeles, California, pero eso no impidió que fuera deportado a México acusado de ser inmigrante indocumentado. [Foto AP/UCLA]
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En mayo de 2007, Pedro Guzmán, ciudadano de Estados Unidos con discapacidad del desarrollo, fue deportado a México tras cumplir una condena por allanamiento (trespassing) en la cárcel del condado de Los Ángeles.

Durante 89 días vagó por Tijuana, mientras su familia lo buscaba desesperada hasta que por fin apareció y fue repatriado a su casa en Lancaster. Su caso había recibido gran publicidad en los medios.

No obstante, un reporte dado a conocer ayer por Human Rights Watch y la Unión de Libertades Civiles (ACLU) revela que el caso de Guzmán no es único, sino más bien sintomático de un problema más amplio que aqueja a los discapacitados mentales que caen en manos de las autoridades migratorias de los Estados Unidos.

El reporte documenta docenas de casos en los cuales personas con limitaciones cognitivas o discapacidades mentales no pudieron defenderse contra un proceso de deportación –incluyendo algunos que eran ciudadanos y no pudieron probarlo, como Guzmán, porque no sabían cómo hacerlo. Algunos no sabían lo que era un juez, como se llamaban o pedían que los deportaran a "Nueva York" o "Louisiana".

"No toda persona con discapacidad mental que está en proceso de deportación tiene derecho a permanecer en Estados Unidos", señala el reporte. "Sin embargo, sí tiene derecho a una audiencia justa y a defender sus derechos".

Los detenidos en casos de inmigración no tienen derecho a un defensor de oficio, lo que afecta a todos los procesados y más todavía a quienes tienen problemas mentales.

Entre los entrevistados por los autores del reporte había muchos residentes permanentes de los Estados Unidos que enfrentaban la deportación por haber cometido delitos no violentos como "trespassing" o posesión de drogas.