TUCSON, ARIZONA/RUMBO
— Para las próximas elecciones del 4 de noviembre, si los votantes católicos fueran los únicos que pudieran escoger presidente, éste sería Barack Obama. Así lo sugiere la tendencia en el voto católico de hace cuatro años, cuando el 69% de votantes que siguen esta religión dieron su apoyo al entonces candidato John Kerry; contra un 31% que votó por el hoy presidente George W. Bush.Sin embargo, la religión hoy aunque es un factor importante no es algo determinante a la hora de escoger un presidente. “Los católicos votan como vota la gente en todo el país, no necesariamente su punto de vista religioso determina su decisión; en muchos casos ésta es hecha con base en la situación de la economía, el futuro de los hijos, la seguridad y los temas educativos”, dijo David Carroll, profesor de Ciencia Política en Iowa y autor del libro: El voto católico: una guía para el perplejo. “Los católicos en Estados Unidos muchas veces miran sus principios y no encuentran relación con las propuestas de los candidatos, por lo que deben acudir a otras variables para decidir”, manifestó Carroll, quien estuvo en una Conferencia organizada por la Universidad de Saint Thomas, en Houston.
“Los católicos dicen que deben participar en un proceso electoral, pero eso no significa que la gente vote”, dijo Caroll durante una entrevista. “Muchas veces no votan porque simplemente no hay relación entre los principios de fe que la gente practica y las ideas de los aspirantes a la Casa Blanca”.
Algunos otros factores son clave a la hora de que un católico acude a las urnas y decide a quién entregar su voto. Primero, la edad: mientras las personas nacidas antes de 1940 tienden a parámetros más demócratas, la situación cambia para los que nacieron entre 1961 y 1978 que optan más por la vía republicana; los nacidos entre 1940 y 1960 tienen la tendencia a estar más al centro sin un claro apoyo a un partido.
Segundo, el estado civil: mientras los hombres solteros buscan más a las bases republicanas, las mujeres solteras se sienten más demócratas; los casados están al centro entre ambos partidos en una especie de zona gris que cambia cuando hay un divorcio y tradicionalmente quienes lo han padecido regresan a dar un apoyo a los republicanos.
Tercero, el nivel de ingresos: los demócratas se nutren de católicos con bajos ingresos, mientras que las personas con buenos salarios dan su voto al candidato republicano; la clase media tiende a una zona gris donde confluyen ambos partidos.
Cuarto, la frecuencia con que se asiste a misa: un católico que va una vez por semana tiende en 53% a ser republicano y 46% demócrata; si la pregunta se hace a quien acude a misa más de una vez por semana, el porcentaje para votar republicano aumenta a 60%; si la persona se dice católica pero nunca va a misa, prefiere en 67% votar por los demócratas contra apenas 30% que lo haría por el aspirante republicano.
“El traslado que ocurrió en el voto católico entre partidos fue muy amplio. Mientras en 1936 el 78% de los católicos votó demócrata y el pico más alto se alcanzó para los demócratas con John F. Kennedy quien obtuvo el 80% del voto católico, hoy en día las cargas están más igualadas”, manifestó Caroll. Aspectos como los derechos de los homosexuales, el feminismo y la muerte asistida han llevado a que muchos católicos prefieran dar su apoyo al partido actual de gobierno.
“Hoy en día los partidos intentan ser más sólidos en la defensa de sus ideas, por lo que muchos católicos se sienten más identificados con el ideario republicano”, añadió.
Inmigración, religión y votoEl debate sobre la trascendencia del voto católico ocurre a cinco meses de las presidenciales y en un ambiente político cargado por la difícil situación económica y las denuncias sobre problema social y político de 12 millones de indocumentados.
“La Iglesia está trabajando en tres niveles para apoyar una reforma migratoria: servir a las personas de cualquier manera; segundo, la iglesia no pide ‘documentos’ sino que lucha para que haya cambios políticos que generen apoyo a la defensa de la dignidad humana y, tercero, una labor educativa para hacer conciencia en los legisladores de que las fronteras más fuertes no son las que se toman por decisiones políticas sino las que existen en la mente de las personas”, aseguró Daniel Groody, director del Centro para la Espiritualidad y Cultura Latina de la Universidad de Notre Dame. “El inmigrante es un regalo, un don, una presencia de Cristo en el extranjero”.
“Los hispanos católicos deben votar por un candidato que les asegure una mejor forma de vida, ante el aumento de la pobreza en minorías como ellos o los afroamericanos”, dijo Rachel Lusting, directora del Ministerio Social de Caridades Católicas en Estados Unidos.
“Debemos mantener los esfuerzos para que los legisladores no sigan pasando leyes contra los indocumentados y hacer peticiones a los congresistas para que no apoyen proyectos como Save Act”, dijo Juan Molina, sacerdote que vive en San Antonio y coordinador del Programa CRS (Catholic Relief Services) para el Suroeste del país.
“Caridades católicas y otras organizaciones deben mantener la presión a nivel local en temas migratorios, porque los antiinmigrantes no descansan en sus esfuerzos por que sus proyectos sean aprobados”, expresó Andrew Rivas, director de la Texas Catholic Conference.
Bob Holmes, sacerdote canadiense y quien viaja por el mundo en pro de la paz, al ver la situación en Estados Unidos en contra de los indocumentados en año de elecciones hizo su propia reflexión: “Necesitamos solidaridad y esta conlleva escuchar bien, oír las historias de las personas, sus necesidades, qué soluciones necesitan; caminar con la gente, no adelante, ni atrás si no a su lado para estar al mismo nivel de sus problemas; hablar con la verdad, y crear espacios para que florezca la paz que hay”, aseguró. “En esa dirección debería trabajar la Iglesia, los políticos y la sociedad en este país para alcanzar la justicia”, agregó Holmes.
“Vamos a crear una plataforma temática paralela a la Convención Demócrata donde se van a discutir los temas que ayuden al bienestar común de la sociedad; votar no es simplemente votar, implica que como católicos debemos tener un papel trascendental en estas elecciones”, dijo Sara Dwyer, de Network, una organización con sede en Washington que hace cabildeo por la justicia social.
Un 24% de la población en Estados Unidos pertenece a la Iglesia Católica; ellos serán un factor decisivo en las elecciones presidenciales.









