NUEVA YORK — La familia de una niña hispana de Brooklyn —que murió de un ataque de asma— demandó ayer un cambio en las leyes para evitar que esta tragedia se repita en otras personas.
La menor Briana Ojeda, de 11 años de edad, falleció el pasado 27 de agosto cuando su madre trataba de llevarla a un hospital, pero fue detenida por el agente Alfonso Méndez.
El policía dijo que no sabía cómo dar resucitación cardiopulmonar (CPR) aun cuando los agentes reciben entrenamiento.
Carmen Ojeda dijo que regresó a su carró y continuó manejando, pero fue demasiado tarde. Briana fue declarada muerta una hora más tarde en el Long Island College Hospital.
Los padres de la niña pidieron una nueva ley que obligue a los policías a renovar su certificación de CPR cada año. También solicitaron que los agentes enfrenten cargos por rehusar dar asistencia médica en emergencias.
Familiares de Briana calificaron al policía Méndez como "cobarde", porque —según aseguraron— éste no salió a dar la cara pese a que hacía más de cuatro días que investigadores de la uniformada trataban de identificarlo.
Méndez, de 30 años, fue suspendido el martes por 30 días sin salario, bajo la acusación de no haber actuado correctamente al no practicar CPR a Briana.
El subcomisionado de la policía, Paul J. Browne, dijo que "todos los agentes reciben entrenamiento para dar CPR", aunque no están obligados por la ley.
Angel Ojeda, abuela de la niña, dijo que la policía debe investigar a fondo y hacer justicia, "porque el policía fue quien dejó morir a la niña".
"Espero que él diga la verdad. Mi nieta murió porque él no la ayudó", dijo Ojeda.
Michael Ojeda, padre de Briana, declaró que deseaba saber cómo habían identificado al uniformado, y quería tranquilidad para su familia.
María Machado, prima de Ojeda, señaló que el agente Méndez pudo haber sido un héroe, "pero se comportó como un villano".
"Aunque no le diera CPR, si él, al ver la emergencia, hubiese puesto la sirena y abierto el paso para que la madre pudiera llegar al hospital sin pérdida de tiempo, Briana hoy estuviera vida", dijo Machado. "Nuestra familia cree que ese policía es un cobarde, porque no dio la cara, pese a que sabía que lo estaban buscando. El debió salir, decir soy yo y disculparse por su falta", agregó.
José Macías, de 55 años, compañero de trabajo de Ojeda, dijo que el policía debió mostrarse más humano y ayudar a la niña.
Javier Valdés, vicepresidente de la organización "Se Hace Camino Nueva York", dijo que más allá de la controversia por la actuación del policía, el caso Ojeda pone de manifiesto el creciente problema de asma que hay en los barrios de Nueva York.
"Con el cierre de hospitales y clínicas por problemas de presupuesto en la ciudad, las personas tienen que ir mucho más lejos a recibir asistencia médica, y en el caso de asma el tiempo es un factor de vida o muerte", dijo Valdés.
Valdés dijo que los políticos deberían tomar este caso para legislar a fin de crear una ley que obligue a los agentes a dar CPR en casos de emergencia.
"Si ya tienen el entrenamiento, no veo la razón de que un policía no dé CPR", dijo Valdés.
La familia Ojeda es de origen puertorriqueño, una comunidad afectada desproporcionalmente por el asma, dentro y fuera de Estados Unidos.
El asma es una inflamación de las vías aéreas y cuando se produce genera una serie de síntomas y la más característica es el bronco-espasmo.
De acuerdo con la Asociación del Pulmón de Estados Unidos, se estima que el asma afecta a casi 2,7 millones de pacientes hispanos en este país, cifra que incluye a 500.000 menores de edad.
En Nueva York, el asma ha emergido como una enfermedad crónica durante los pasados veinticinco años. En 2008, un estimado de 1,3 millones de adultos y 475.000 niños sufrían de asma.
En Nueva York, con la mayor población de puertorriqueños, las cifras señalan que la incidencia en este grupo, al compararlo con otros hispanos, es de un 20%, pero algunos expertos creen que podría llegar hasta el 25%, lo que duplica a los mexicanos con un 9,8%.
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