Propietarios de Bushwick dejados a su suerte entre los despojos de los embargos
Ultima parte de III
Nueva York — Cuando hace cinco años la puertorriqueña Elba Reyes y su esposo compraron su casa en el 59 de la calle Harman, en un área de casas de dos plantas en Bushwick, la pareja pensó que había encontrado el hogar para criar a sus cinco hijos.
Sin embargo, Reyes, de 44 años, ahora sufre pesadillas por las noches, en las que imagina que un intruso entra por su ventana y hiere a sus hijos.
“Se está viendo otra vez la venta de drogas, a menudo se oyen tiros”, asegura Reyes. “Estoy en la casa con mis dos varones y escucho los helicópteros y las sirenas de la policía”, afirma.
La crisis económica ha dejado una epidemia de embargos en este barrio de Brooklyn, especialmente en la zona sur, donde viven muchos propietarios hispanos como Reyes. En su misma calle, tres viviendas tienen signos de “se vende” y otras cinco casas se encuentran abandonadas, con las puertas y ventanas tableadas, acumulando basura o graffitis.
“Cuando compramos hace cinco años era difícil conseguir una casa en Bushwick que uno pudiera pagar, pero ahora uno camina dos cuadras, y se ven cuatro, cinco, seis casas a la venta”, dice.
Los propietarios del área como Reyes, quien pagó $285,000 por su vivienda y se encuentran al día en sus pagos, han visto hundirse los precios de sus casas en un 45% en los últimos dos años, según datos del Centro Furman de NYU. Para muchos, las esperanzas de revitalización del barrio descansan en la prometida intervención del presidente Barack Obama.
El plan de estímulo federal aprobado el año pasado incluyó una partida de $2,000 millones para ayudar a ciudades de todo el país a comprar y reparar estas casas abandonadas y ofrecer incentivos a potenciales compradores.
El programa, el Plan de Estabilización de Vecindarios 2 (NSP2), parece a la medida de un barrio como Bushwick, pero sus beneficios son inciertos.
De los $50 millones que solicitó del plan, Nueva York recibió el mes pasado apenas $20 para hacer frente al impacto de más de 59,000 procesos de embargo iniciados desde el 2006 en toda la ciudad; más de 1,500 de ellos en Bushwick. Una organización sin fines de lucro, Habitat for Humanity, obtuvo $10.5 millones adicionales para proyectos en Bedford-Stuyvesant y Browsville-Ocean Hill, en Brooklyn.
“Veinte millones en cualquier ciudad no harían ninguna mella, mucho menos en una ciudad como Nueva York”, asegura Craig Nickerson, presidente del Fondo Nacional para la Estabilización de Comunidades, una asociación que facilita la transferencia de viviendas embargadas en poder de los bancos.
El costo de comprar y rehabilitar una vivienda en Nueva York es muy alto comparado con otras ciudades del país, explica Arden Sokolow, responsable de supervisar el NSP2 en el Departamento de Vivienda de la ciudad (HPD).
“Lees esos artículos sobre las casas que se están vendiendo en Cleveland por $12,000 o en Detroit por $8,000 y esto es algo imposible para nosotros”, afirma Sokolow. “Las casas embargadas aquí se están vendiendo por $300,000”, apunta.
La crisis de embargos en la ciudad no es generalizada, sino que se concentra en determinados vecindarios como el centro de Brooklyn o el sureste de Queens. Ello podría explicar porque ha recibido mucho menos dinero del estímulo que otras grandes ciudades como Los Ángeles, que obtuvo $100, según un portavoz de HPD.
“La ciudad de Nueva York no ha sufrido el impacto de los embargos de forma tan profunda y generalizada como otros muchos estados, a pesar de que tenemos muchos vecindarios fuertemente impactados”, afirma Eric Bederman, secretario de prensa de HPD. “Somos una ciudad de inquilinos”, apunta.
Para contrarrestar la escasez de fondos del estímulo, HPD usará este dinero para atraer fondos privados, al igual que hizo en el 2008 con los $24 millones de un programa federal precursor del actual, el Plan de Estabilización de Vecindarios 1 (NSP1), con el que logró atraer $32 millones.
A pesar de ello, la ciudad no contará con suficiente dinero para rehabilitar las 320 casas abandonadas y urbanizar los 320 terrenos baldíos que había incluido en su propuesta del NSP2, explica Sokolow.
La ciudad planea usar parte de los fondos del estímulo para ayudar a familias de ingresos bajos o moderados a comprar casas abandonadas o embargadas. Una familia de dos personas que gane menos de $73,680, por ejemplo, podría solicitar hasta $50,000 para la entrada de un edificio.
Sin embargo, residentes como Reyes dudan de que las familias de Bushwick, que ganan unos $31,000 como promedio, según el Censo, vayan a poder comprar estas viviendas. Reyes puso como ejemplo una casa de dos familias frente a su casa, restaurada gracias a un programa para crear vivienda asequible supervisado por HPD, que cuesta $460,000.
“No creo que vaya a suponer ningún beneficio para la gente de bajos ingresos”, asegura Reyes, quien gana $32,000 como guardia de parques municipales. “Para gente como yo, que gana menos de $40,000 al año, una casa de medio millón no es para gente de bajos ingresos”, agrega.
La ciudad también había propuesto usar $10 millones del estímulo para complementar los $20 millones con que ya cuenta un programa conocido como Programa de Renovación de Vivienda (HARP). Este programa ofrece incentivos a urbanizadores para adquirir y rehabilitar condominios vacíos o a medio construir, de forma que los conviertan en viviendas de venta o alquiler asequible. Sin embargo, debido a la menor subvención que recibió, HPD no usará fondos del estímulo para este programa, asegura Sokolow, de HPD.
Esto supone un mala noticia para las organizaciones que ven una oportunidad en el programa HARP de crear vivienda asequible en Bushwick, cuyos residentes han sido desplazados en años recientes por otros más adinerados.
“Para la gente de la comunidad, que gana $20,000, $25,000 o $30,000 al año, los condominios están ahí, pero para ellos es imposible aspirar a vivir en ellos”, asegura José López, activista de Se Hace Camino, una asociación que calcula que hay más un centenar de condominios vacíos o a medio construir que surgieron durante el reciente boom de la vivienda en el área.
Otro problema para los beneficiarios podría ser la lentitud con la que se están invirtiendo los fondos. Hasta ahora, la ciudad sólo ha destinado unos $2 millones de fondos del programa NSP1 para comprar y rehabilitar siete propiedades en El Bronx, Queens y Staten Island y un edificio de seis familias en Bushwick.
Según HPD, este retraso se debe a que al atraer fondos privados, la ciudad ha tenido que crear una entidad de crédito para canalizar estas inversiones semi-privadas.
“Ahora que la entidad de crédito está lista y funcionando, empezaremos a comprar propiedades embargadas mucho más rápidamente”, asegura Bederman, de HPD.
El portavoz de HPD subraya que el programa federal es sólo una de las herramientas que la ciudad está usando para estabilizar vecindarios.
En diciembre del 2007, la ciudad creó el Centro para los Barrios de NYC (CNYCN) para coordinar los esfuerzos de más de 20 asociaciones que ofrecen asistencia gratuita a propietarios.
CNYCN cuenta con un presupuesto anual de $7.5 millones, un tercio de los cuales proviene de HPD y del Concejo Municipal, y el resto de donaciones privadas. Desde entonces, sus consejeros han ayudado a unos 6,000 propietarios y sometido más de 1,800 solicitudes de modificación de hipotecas.
“Con un poco de dinero en consejería se puede hacer un gran trabajo”, asegura Mike Mastman, un consejero de Grow Brooklyn, que está en la red del CNYCN. “Un solo consejero puede “mantener a docenas de personas en sus viviendas”, agrega.
Mike Hickey, director ejecutivo del CNYCN, lamenta que el plan de estímulo no incluya ninguna partida específica para consejería de vivienda.
“El plan de estímulo realmente no hace nada por los propietarios de vivienda”, afirma Hickey. “Es frustrante que gran parte de los esfuerzos se hayan invertido en lidiar con el impacto de la crisis económica y de embargos, pero muy poco se haya destinado para apoyar directamente a los propietarios”.
Para Reyes, el mejor plan contra el deterioro de su barrio es mantener a sus vecinos en sus casas.
“Ya cada cual nos conocemos”, afirma. “Yo conozco a mi vecino, mi vecino conoce al otro, y pues ya cada uno sabe con lo que está bregando”.
eva.sanchis@eldiariony.com
* Esta serie fue posible gracias a una beca de New America Media.