El joven, que se identificó solamente como Claudio, trabaja haciendo entregas de comida y dice que es uno de los trabajos más peligrosos en la ciudad. Afirma que los conductores no respetan las señales y los carriles para bicicletas.
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Nueva York — Mientras su familia recordaba a Pablo Pasarán, el repartidor que murió atropellado el sábado pasado, en la calle 21 y la Avenida 35, en Queens, los repartidores continuaron con su peligroso oficio llevando pedidos de comida en bolsas de plástico, con la esperanza de ganar unos dólares extra de propinas.

El trabajo se vuelve particularmente peligroso en Queens Boulevard, conocido cómo el “Bulevar de la Muerte”, donde a pesar de que está equipado con rejas y avisos de advertencia los peatones continúan falleciendo en su intento por cruzar la calle.

“Los buses son los quienes más no respetan a los ciclistas. Los taxis también tratan de ganar la luz”, dijo Crispin Zapata, un repartidor de comida de 46 años originario de Puebla, México, quien mantiene a su familia con los $350 que gana por semana, trabajando para una pizzería en Greenpoint Avenue.

“He estado a punto de tener un accidente muchas veces en el Bulevar”, agregó.

En Nueva York, han muerto alrededor de 20 ciclistas al año desde 2005, según datos del Departamento de Motores y Vehículos.

No hay datos exactos sobre cuantos han sido repartidores de comida, pero Leah Todd, vocera para el New York Memorial Project, una organización que coloca bicicletas blancas donde mueren los ciclistas, dijo que Pasarán es el segundo repartidor que ha muerto en un accidente de tráfico desde el 2005.

El otro fue un repartidor asiático que murió en Manhattan. La organización colocará una bicicleta para recordar a Pasarán antes del final del año.